El camino del corazón hacia la perfección divina

La ausencia de cualidades humanas, como el corazón y el alma, en la imagen de Dios subraya su absoluta trascendencia y perfección, lo cual, a su vez, influye significativamente en la forma en que los creyentes perciben los valores religiosos y los ideales espirituales. Dios se presenta como una fuente inabarcable de luz y verdad divinas, desprovista de rasgos finitos y susceptibles a cambios propios de la naturaleza humana. Esto crea un referente fundamentalmente diferente para el ser humano: puesto que Dios no puede ser descrito a través del prisma de las emociones y experiencias humanas, toda la responsabilidad por el crecimiento espiritual y la transformación interior recae sobre el individuo, que, mediante la purificación y transformación de su corazón y alma, aspira a la perfección divina.

Así, es en el corazón humano donde nacen la fe y el anhelo de pureza moral. Como se señala:
«El alma une todo el cuerpo, compuesto de muchas partes, y las contiene en perfecta armonía, y todas las partes del cuerpo se ayudan mutuamente...» (fuente: enlace txt, página: 289-290).
Este pensamiento enfatiza que el alma y el corazón constituyen los principales focos de la vida espiritual, donde se experimenta la presencia de la luz divina.

Puesto que Dios carece de estas cualidades humanas, los seguidores encuentran consuelo y fortaleza en el desarrollo de su vida interior. Es en el corazón donde perciben y responden al resplandor de la presencia divina, como se destaca en la siguiente cita:
«El corazón es el lugar donde brilla la luz de Dios: Dios ... iluminó nuestros corazones para esclarecernos con el conocimiento de la gloria de Dios en la persona de Jesucristo...» (fuente: enlace txt, página: 866-867).

La ausencia de características humanas en Dios refuerza la idea de Él como un ideal contra el cual el ser humano debe medirse y al cual debe aspirar. Pues es a través del corazón que se forma la fe, tal como se destaca en la reflexión de que «La fe es un órgano del corazón: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma»...» (fuente: enlace txt, página: 380-382). Así, el hombre se percibe capaz de suplir los elementos ausentes en la imagen divina, desarrollando en sí mismo la sensibilidad, la emotividad, la capacidad de amar y de empatizar. Este anhelo interior no solo crea un puente entre la existencia finita del ser humano y la infinita perfección divina, sino que también forma la base de los valores religiosos y los ideales espirituales, convenciendo al hombre de que el camino hacia lo divino pasa por la transformación de su propio corazón y alma.

Citas de apoyo:
«El alma une todo el cuerpo, compuesto de muchas partes, y las contiene en perfecta armonía, y todas las partes del cuerpo se ayudan mutuamente, se sostienen unas a otras...» (fuente: enlace txt, página: 289-290).
«El corazón es el lugar donde brilla la luz de Dios: Dios ... iluminó nuestros corazones para esclarecernos con el conocimiento de la gloria de Dios en la persona de Jesucristo...» (fuente: enlace txt, página: 866-867).
«La fe es un órgano del corazón: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma»...» (fuente: enlace txt, página: 380-382).

El camino del corazón hacia la perfección divina

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