Entre Exclusividad y Pluralidad: El Reto del Diálogo Divino

Adherentes de diversas tradiciones religiosas están profundamente convencidos de la veracidad de su dios, ya que su fe se forma a partir de textos sagrados, experiencias históricas y tradiciones culturales que afirman la exclusividad de su comprensión de lo Divino. En cada comunidad religiosa existe una interpretación propia de la verdad divina, y los textos sagrados, en general, niegan o rechazan otras interpretaciones. Esto conduce a que los seguidores consideren que solo su concepción de Dios es la correcta. Este dogmatismo se refleja, en particular, en la siguiente afirmación:

"Cada palabra, cada escritura rechaza otra palabra, otra escritura. Por ello, el objetivo final del diálogo va más allá de las tradiciones religiosas y consiste en descubrir la verdad divina oculta bajo diferentes palabras y símbolos. En ello no hay relativización del mensaje cristiano ni ningún tipo de sincretismo. Es el mismo Cristo al que adoramos, en su peregrinaje por los espacios infinitos de las religiones."
(source: enlace txt, página: 253)

Esta postura contribuye a que, al encontrarse con representantes de otras confesiones, a menudo surja tensión: cada parte insiste en que solo sus dogmas tienen fundamento divino. La sensación de amenaza para su propia identidad y herencia religiosa conduce a la desconfianza y a la resistencia cuando se intenta encontrar un terreno común para el diálogo. Esto se manifiesta de manera especialmente evidente en cuestiones relacionadas con el reconocimiento de símbolos y doctrinas ajenos, los cuales pueden ser percibidos como una “negación” de lo sagrado propio. Así se expresa en otra fuente:

"Pero para el pensamiento exclusivista bíblico, esta táctica es algo nuevo e inaceptable. Sin embargo, desde el punto de vista de las personas religiosas de Occidente, por el contrario, esta postura es más bien señal de falta de ideología e intolerancia. Para los cristianos, esta postura, cuando Cristo es uno de los adeptos de Buda o Krishna, o de los Mahatma del Himalaya."
(source: enlace txt, página: 28)

Esta convicción plantea un desafío para el diálogo interreligioso. Por un lado, las discrepancias están arraigadas en concepciones fundamentalmente diferentes de la verdad divina, lo que dificulta la búsqueda de fundamentos comunes para el entendimiento mutuo. Por otro lado, algunas tradiciones religiosas admiten la posibilidad de reconocer la veracidad del otro, afirmando que, si cada creyente encuentra en Dios la fuente de la verdad en su propio camino, ninguna religión es absolutamente falsa:

"Si un musulmán cree en un Dios único como soberano de la historia y del ser humano, él también profesa, a su modo, una fe verdadera. Por lo tanto, podemos decir que ninguna de las religiones es absolutamente falsa."
(source: enlace txt, página: 163)

Así, la convicción en la veracidad del propio dios y el exclusivismo en la interpretación de lo Divino son un reflejo de la condición cultural e histórica de cada religión. Esto, a su vez, influye en el diálogo interreligioso, haciendo de él un proceso complejo y, a menudo, cargado de emociones. Sin embargo, el reconocimiento de la tarea común –la búsqueda de la profunda verdad divina oculta bajo diferentes palabras y símbolos– puede convertirse en el punto de partida para construir un diálogo honesto y productivo entre representantes de diversas creencias.

Entre Exclusividad y Pluralidad: El Reto del Diálogo Divino