La eternidad y el infinito en la filosofía atea
Desde la perspectiva de los puntos de vista ateos, la idea de Dios como una entidad fuera del espacio y el tiempo se percibe no tanto como una descripción de un principio sobrenatural, sino más bien como un concepto filosófico que puede vincularse a las cualidades objetivas de la propia realidad material: la infinitud del espacio y la eternidad del tiempo. En este contexto, la mente incrédula reconoce que nuestra comprensión de la realidad está determinada por aquellas dimensiones accesibles a nuestra conciencia, y que los conceptos de “infinito” y “eterno” describen las características objetivas del ser, en lugar de evidenciar la existencia de un creador trascendental.Así, como se indica en una de las fuentes:"
¿Cómo se puede reconocer lo inabarcable?¿Acaso reconocemos algo existente únicamente en la medida en que la razón puede comprenderlo? De ninguna manera. Hay algo verdaderamente real que la mente incrédula reconoce como existente y, al mismo tiempo, no puede admitir como inabarcable. ¿Qué es? La infinitud del espacio y la eternidad del tiempo." (fuente: enlace txt)Esta cita resalta que, incluso si una persona no cree en Dios como una entidad sobrenatural, sigue reconociendo la existencia de un espacio ilimitado y un tiempo infinito. De este modo, en la comprensión atea las propiedades tradicionalmente atribuidas a Dios –su naturaleza extraespacial y extratemporal– pueden considerarse simplemente como aspectos particulares del mundo objetivo, accesibles al entendimiento mediante la razón, sin la necesidad de adentrarse en el ámbito del pensamiento religioso.Esta postura refleja que, para el incrédulo, el concepto de "Dios como ser existente fuera del espacio y del tiempo" no implica la existencia de un agente sobrenatural, sino que funciona como una descripción metafórica de aquellas cualidades que caracterizan al mundo material y que son producto de nuestra experiencia mental y de nuestro aparato cognitivo.