Horizontes de la Inocencia

Si imaginamos que Adán y Eva se mantuvieron fieles al mandato divino y no degustaron el fruto, se puede suponer que el curso de la historia bíblica habría cambiado significativamente. Sin el acto de desobediencia, ellos habrían continuado viviendo en un estado de inocencia primigenia y dicha, en armonía tanto entre ellos como con el Creador. En tal versión alternativa, la tragedia del pecado original no se habría desarrollado: no habría habido conocimiento del mal a través de la experiencia directa, no se habría despertado la conciencia de su desnudez ni los sentimientos vergonzosos asociados, y tampoco habría sido necesaria la separación del Rostro de Dios, como se relata en la conocida narración.

Como se señala en una de las fuentes analizadas, incluso si la tentación inminente ya implicaba un riesgo para la integridad de la relación entre Adán y Eva, “en la figura de Eva cayó solamente la mitad del género humano, y la más débil. Adán aún no había participado en la transgresión del mandamiento. Se podía esperar que él, como hombre y cabeza, resistiera la tentación…” (fuente: enlace txt). Este pasaje deja en claro que originalmente existía la posibilidad de mantener la inocencia y que, de no haber sucumbido Adán a la tentación, la integridad del estado original se habría preservado en su totalidad.

Así, sin el acto de degustar el fruto prohibido, la historia de la humanidad podría haberse desarrollado sin la tragedia de perder la dicha primigenia y sin la introducción de sufrimientos, la separación de la gracia divina y las pruebas posteriores asociadas con la redención. La ausencia de este punto de inflexión habría cambiado no solo el destino personal de los primeros seres humanos, sino toda la historia, en la que los temas familiares de lucha, arrepentimiento y redención no habrían adquirido la magnitud dramática que conocemos.

Supporting citation(s):
“En la figura de Eva cayó solamente la mitad del género humano, y la más débil. Adán aún no había participado en la transgresión del mandamiento. Se podía esperar que él, como hombre y cabeza, resistiera la tentación. Pero, ay, la esperanza era ya tan tenue que casi se temía que no se cumpliera. Pues,

¿cuánta alegría habría si Adán no hubiera caído cuando Eva ya había pecado?
A aquellos que estaban tan íntimamente unidos en un estado de inocencia y dicha, les habría costado separarse incluso en el castigo por ello...” (fuente: enlace txt)

Horizontes de la Inocencia

¿cuánta alegría habría si Adán no hubiera caído cuando Eva ya había pecado?

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