El Llamado Celestial: Amor a Dios y la Naturaleza

La Iglesia realmente nos llama a amar a Dios, ya que Él es el Creador de todo, y es precisamente a través del amor hacia Él que alcanzamos la comprensión de toda la armonía creativa del mundo. Bajo este entendimiento, la naturaleza no se convierte en un objeto de adoración independiente ni en motivo de cuidados excesivos, sino que actúa como testigo de la sabiduría y bondad de Dios, proclamando la grandeza de Su poder creativo.

En una de las fuentes se señala:
"El universo, tanto en su conjunto como en sus detalles, posee una dirección, coherencia y finalidad. Está lleno de razón. Nos es evidente reconocer que no necesita del cuidado humano. Más aún, nuestra actividad a menudo es simplemente una violación de sus derechos; en vastas extensiones de tierra, en lugar de vegetación viva, han ocupado plazas muertas o construcciones desalmadas. Sin embargo, la grandeza de la mano divina creativa manifestada en la naturaleza no se ve disminuida por ello. 'Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento proclama la obra de Sus manos'. Por ello, nuestros guías, padres y maestros de la Iglesia, tanto del pasado lejano como de los tiempos más cercanos, frecuentemente dirigen nuestra atención a la naturaleza, la predicadora del poder, la bondad y la grandeza de Dios." (fuente: enlace txt)

De ello se deduce que la naturaleza en sí misma no requiere de la tutela humana, ya que es una revelación de Dios, una manifestación de Su grandeza. Amar al Creador implica respeto y veneración por todo lo que Él ha creado, sin brindar a la naturaleza una atención excesiva separada del amor hacia Él.

Además, otra fuente indica:
"En nuestra época, es muy importante retornar a la relación de Cristo con la naturaleza, a su belleza, a su significado intrínseco, no solo en relación con nosotros. Al observarla, es crucial no pensar en qué beneficio nos puede aportar o qué peligro encierra. Podemos contemplar la naturaleza como algo llamado por Dios a existir no únicamente para mostrar una belleza perfecta, sino para que, en su momento, al liberarse del yugo del pecado que el hombre ha impuesto sobre ella, pueda formar parte del Reino Divino..." (fuente: enlace txt)

Esta perspectiva enfatiza que la naturaleza tiene su lugar en el plan divino, pero el énfasis principal se pone en el retorno del ser humano a la comunión con Dios, lo que implica también el reconocimiento de la naturaleza como parte de ese diseño divino. En ese contexto, el cuidado de la naturaleza no es un fin en sí mismo, sino una expresión de un amor más profundo y primario hacia el Creador.

Así, el énfasis en amar a Dios se debe a que es precisamente a través de la comunión con Él que descubrimos el verdadero entendimiento tanto del mundo que nos rodea como de nuestra relación con la naturaleza, la cual sigue siendo un magnífico testimonio de Su poder creativo.

Citas de apoyo:
"El universo, tanto en su conjunto como en sus detalles, posee una dirección, coherencia y finalidad..." (fuente: enlace txt)

"En nuestra época, es muy importante retornar a la relación de Cristo con la naturaleza, a su belleza, a su significado intrínseco..." (fuente: enlace txt)

El Llamado Celestial: Amor a Dios y la Naturaleza

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