El Consenso Divino en el Concilio de Nicea

En el Concilio de Nicea en el año 325, las circunstancias históricas y teológicas se interconectaron de tal forma que contribuyeron a la proclamación de Cristo como Dios mediante la participación de un gran número de obispos y el voto colegiado.

Desde el punto de vista histórico, el concilio fue convocado bajo el auspicio del emperador Constantino el Grande, quien buscaba fortalecer la unidad de la Iglesia y, por consiguiente, la unidad de todo el imperio. Esta decisión respondió a la creciente amenaza de división y a la inestabilidad política, las cuales se veían agravadas por las discrepancias en torno a la doctrina arriana. Ario, un sacerdote de Alejandría, negaba la divinidad del Hijo y afirmaba que Cristo era solamente la creación suprema, lo cual contradecía el necesario consenso doctrinal. Como se explica en una de las fuentes, "Este Concilio fue convocado contra la herejía del sacerdote alejandrino Ario... El Concilio condenó y rechazó la herejía de Ario y afirmó la verdad inmutable del dogma: el Hijo de Dios es el verdadero Dios..." (fuente: enlace txt).

Desde el punto de vista teológico, la cuestión principal era definir la naturaleza de Cristo:

¿podría la fe ser plena si el Hijo no fuese, en esencia, verdaderamente Dios?
Entre los obispos reunidos se percibía claramente la necesidad de formular una definición de fe que confirmara que Cristo es engendrado por el Padre "antes de todos los siglos" y que es de la misma sustancia que Él. Esto era indispensable no solo para la unidad teológica interna, sino también para posibilitar la reunificación de los creyentes con Dios a través de Cristo. En confirmación de esto, una de las fuentes señala que "la respuesta del Concilio era que solo si Cristo es verdaderamente Dios, Él puede reunificarnos con Dios, ya que solo Dios es capaz de abrir a las personas el camino hacia la unidad. Cristo es 'de la misma sustancia' (homoousios) que el Padre..." (fuente: enlace txt).

Así, la necesidad histórica de preservar la unidad de la Iglesia era respaldada por el emperador y el anhelo de superar las divisiones, mientras que el argumento teológico demandaba una clara afirmación de la naturaleza divina de Cristo. Como resultado de la votación colectiva, en la que participaron 318 obispos, se afirmó la doctrina de que el Hijo de Dios es el verdadero Dios, engendrado y no creado, y de la misma sustancia que el Padre. Este paso doctrinal resultó decisivo para la formación de la concepción cristiana de la Trinidad divina y tuvo una influencia duradera en el desarrollo de la dogmática eclesiástica.

Citas de apoyo:
"Este Concilio fue convocado contra la herejía del sacerdote alejandrino Ario, quien negaba la divinidad y el engendramiento eterno del Segundo Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios... El Concilio condenó y rechazó la herejía de Ario y afirmó la verdad inmutable del dogma: el Hijo de Dios es el verdadero Dios..." (fuente: enlace txt)

"El asunto principal del Concilio de Nicea en 325 fue la condena del arrianismo... La respuesta del Concilio era que solo si Cristo es verdaderamente Dios, Él puede reunificarnos con Dios, ya que solo Dios tiene la capacidad de abrir a las personas el camino hacia la unidad. Cristo es 'de la misma sustancia' (homoousios) que el Padre." (fuente: enlace txt)

"En el Primer Concilio Ecuménico en Nicea (325 d.C.) se adoptó una definición de fe en la que la relación entre el Hijo y el Padre se definía como de la misma sustancia." (fuente: enlace txt)

El Consenso Divino en el Concilio de Nicea

¿podría la fe ser plena si el Hijo no fuese, en esencia, verdaderamente Dios?

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