El Propósito Sagrado: Aceptando la Voluntad de Dios
La creencia religiosa de que todo sucede para nuestro bien sienta las bases para una profunda aceptación y humildad ante la voluntad de Dios. Los creyentes, al saber que cada evento —ya sea alegría o prueba— forma parte de Su plan sabio, no buscan razones para desacuerdos o reclamos, incluso cuando enfrentan dificultades en la vida. Interpretan cualquier circunstancia como necesaria para su crecimiento espiritual y la salvación final. Esta actitud se expresa en la costumbre de aceptar con tolerancia todo lo que Dios envía, sin cuestionar “
¿por qué yo?”, y proclamando con tranquilidad expresiones como “Así lo quiere Dios” o “Así es la voluntad de Dios”.Por ejemplo, en una de las fuentes se incluye la siguiente reflexión: “Dios ha protegido a todos con Su amparo... Debemos entrenarnos para conformarnos con lo que Dios nos envía, y permanecer en el rol al que cada uno ha sido llamado, sin preguntar: ¿por qué, o por qué yo y no otro?... El mayor consuelo para nosotros es entregarnos a Dios en todo lo que nos sucede, expresando siempre en nuestro sentir: ‘Así lo quiere Dios’; ‘Así es la voluntad de Dios’ y ‘No hay nadie tan fuerte que pueda resistirse a Su santa voluntad’.” (fuente: enlace txt)Asimismo, otro texto subraya que, gracias a la fe en que detrás de cada acontecimiento se esconde el designio divino, la persona aprende a no sorprenderse ni desconcertarse por lo sucedido, entendiendo que todo ocurre conforme a la voluntad de la sabiduría suprema: “Para que nunca se asombre ni se desconcierte por lo que le acontece, creyendo que nada ocurre sin el plan de Dios... Todo lo que Dios hace por nosotros lo hace para nuestro beneficio, amándonos y mostrándonos Su misericordia.” (fuente: enlace txt)De este modo, la convicción de que todo sucede para bien ayuda al creyente a aceptar las circunstancias de la vida, a abrazar y alegrarse incluso ante las pruebas. Crea una barrera interior que impide el resentimiento o el derecho a presentar quejas contra Dios, ya que cualquier acontecimiento se percibe como algo bueno, predestinado para el crecimiento espiritual y material.