Entre la Libertad y el Bien Absoluto

El bien absoluto, cuando se identifica con Dios, se presenta no tanto como resultado de la creación humana, sino como la manifestación de la participación en la plenitud divina del ser. Según una de las fuentes, el hombre está llamado a crear el bien de forma individual, realizando su único propósito en el mundo y afirmando su individualidad trascendental. Esto se resalta en la siguiente declaración:
"«El bien absoluto, para cada uno, consiste en cumplir con su individual y único destino en el mundo, en afirmar su individualidad trascendental, en alcanzar la plenitud absoluta del ser eterno. ... La tarea de encarnar el bien en la vida es una misión puramente creativa e individual; hay que crear el bien de forma individual y no cumplir mecánicamente una orden, sea de la razón o de cualquier otra cosa.»" (fuente: enlace txt)

Por otro lado, el bien absoluto en sentido pleno solo es posible en el ámbito del Reino de Dios, donde no se descompone en bien y mal. Fuera de esta esfera, el bien siempre está ligado a la manifestación de la libertad de elección, que dota de plenitud a la vida moral. Así, el hombre no puede convertirse en un autómata del bien absoluto –es precisamente su libertad y su acto creativo, su capacidad para fijar metas y encarnar valores, lo que determina su papel en este concepto. Esto también se refleja en la reflexión de que una automatización excesiva, en el afán de seguir un modelo absoluto de bien, priva al hombre de una vida moral:
"«El bien absoluto y la perfección absoluta fuera del Reino de Dios convierten al hombre en un autómata del bien, es decir, en esencia, niegan la vida moral, ya que ésta es imposible sin la libertad del espíritu.»" (fuente: enlace txt)

Por lo tanto, el hombre, al poseer libre albedrío y energía creativa, puede acercarse de forma creativa al bien absoluto; sin embargo, el bien absoluto en sí mismo posee una característica inherente a Dios: es una totalidad completa, una auto-valoración que lo impregna todo y el sentido mismo del ser. El lugar del hombre en este concepto reside en la participación, en la libre elección y en la aspiración creativa a valores superiores, donde su individualidad y capacidad para amar los valores en función de su jerarquía se convierten en condiciones esenciales para aproximarse al bien absoluto.

Entre la Libertad y el Bien Absoluto

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