El Rechazo Sagrado hacia la Magia
Los autores de la Biblia tienen una actitud negativa hacia los magos y hechiceros no por casualidad; sus objeciones se fundamentan tanto en una estricta adhesión ideológica a la Ley Divina como en la experiencia cultural de una sociedad en la que cualquier intento de obtener poder sobre fuerzas sobrenaturales se percibía como una amenaza al orden establecido.Desde el punto de vista ideológico, los textos bíblicos enfatizan que la única fuente verdadera de luz y sabiduría es Dios, y que cualquier práctica dirigida a otras fuerzas o métodos ocultos es considerada una manifestación de infidelidad y desobediencia. Así, en el libro del Éxodo se afirma: «…observa la ley y la revelación. Si no hablan según esta palabra, entonces no encienden la luz. Y además: ‘No dejes vivir a los encantadores’» (fuente: enlace txt).Esta postura se refuerza en otros pasajes de las Escrituras, donde la magia se equipara al pecado, comparable a la idolatría y la desobediencia, como se observa en la cita: «Y no escuchéis a vuestros profetas ni a vuestros adivinos... pues la desobediencia es un pecado equivalente a la hechicería, y la resistencia es igual que la idolatría» (fuente: enlace txt).Culturalmente, esta percepción negativa refleja el esfuerzo por proteger a la comunidad de prácticas que podrían debilitar la cohesión social y espiritual. La magia se veía como un intento de obtener poder sobre el mundo material independientemente de la voluntad de Dios – una violación radical de los principios sobre los cuales se construía la vida religiosa y social. En una de las fuentes se expone la idea de que «la percepción mágica de los misterios, de los sacramentos eclesiásticos y del culto en general es una de las principales causas de la degeneración del cristianismo en las personas, de sus distorsiones y de su desvío hacia el paganismo. La magia es ese insensato intento de ‘revolución’ contra Dios» (fuente: enlace txt). Esto indica que las prácticas ocultas se consideraban no solo un mal religioso, sino también cultural, minando los cimientos del orden social.Así, la hostilidad cultural e ideológica hacia la magia se funda en la creencia de que cualquier desviación de la verdadera Ley Divina conduce a la degradación espiritual y social. Los autores bíblicos, siguiendo su tradición religiosa, rechazaban categóricamente la magia, viéndola, por un lado, como una traición a las verdades establecidas y, por otro, como una práctica peligrosa capaz de destruir los fundamentos de la sociedad.