Reflexiones sobre la Existencia de Dios: Fe y Ciencia
En la discusión sobre la existencia de Dios se pueden presentar varios argumentos que reflejan tanto posturas afirmativas como negativas, además de mostrar las limitaciones de los métodos adoptados por la ciencia para resolver esta cuestión.En primer lugar, uno de los argumentos clásicos a favor de la existencia de Dios es el argumento cosmológico. Este se basa en el principio de causalidad generalmente aceptado, según el cual todo lo que existe tiene una causa primordial. Así, una de las fuentes expone el siguiente razonamiento: «Dios es. Incluso en el ámbito puramente teórico existen argumentos que ayudan a una persona imparcial a ver que el reconocimiento de la existencia de Dios no es fruto de una fantasía humana infundada, sino un postulado lógicamente justificado para resolver la cuestión del sentido tanto de la vida humana como de la existencia del mundo. Examinemos algunos de estos argumentos. 1. Argumento cosmológico. El argumento cosmológico (del griego o kosmoV – orden, universo, mundo) fue expresado ya por los filósofos griegos antiguos Platón (347 a.C.), Aristóteles (322 a.C.) y otros pensadores de la Antigüedad. Posteriormente fue desarrollado por muchos. Se basa en la aceptación de la causalidad como la ley universal del ser. Partiendo de esta ley se deduce que debe existir una causa primordial del propio ser, es decir, de todo lo existente.» (source: enlace txt, página: 466)Además del argumento cosmológico, se discute tradicionalmente el argumento ontológico, que parte del propio concepto de Dios como Ser perfecto. Según este argumento, la idea de un ser completo implica su existencia necesaria. Por ejemplo, una de las citas de la literatura clásica señala: «Fue el arzobispo Anselmo de Canterbury († 1109) quien formuló este argumento por primera vez. La presencia de la divinidad es evidente por sí misma y, por lo tanto, no puede demostrarse ni deductivamente ni inductivamente. Únicamente la demostración ontológica de la existencia de Dios encuentra el camino correcto, siempre y cuando se entienda en el sentido de que la idea de Dios y el contenido de esa idea son indivisibles. Una formulación adecuada de esta demostración “no fue la de Anselmo, sino, por ejemplo, la de Bonaventura, Nicolás de Cusa y Malbránš”.» (source: enlace txt, página: 234)Asimismo, cabe señalar el argumento teleológico, el cual apela a la finalidad en el diseño del mundo y lo considera como manifestación de una inteligencia superior. Una de las fuentes describe este enfoque de la siguiente manera: «El valor del argumento teleológico radica, ante todo, en que coloca a la conciencia humana ante la alternativa: reconocer o no a la Inteligencia como la fuente de un mundo tan ordenado, o aceptar “algo aún desconocido”. La primera opción abre al ser humano un elevado y sagrado sentido de la vida; la segunda lo sumerge en una completa confusión interior y desamparo. El argumento ontológico –es decir, el que parte de la idea de un Ser perfecto– fue formulado por primera vez por el arzobispo Anselmo de Canterbury († 1109).» (source: enlace txt, página: 503)Por otro lado, en el debate se suele señalar que los métodos de la ciencia moderna no son capaces de probar o refutar la existencia de Dios, dado que la verdad religiosa pertenece a otras esferas del conocimiento humano. Como se comenta: «La propia ciencia, que realiza los descubrimientos más notables, no se considera atada a ninguna teoría filosófica. Sin embargo, la suposición de que la ciencia ha demostrado la inexistencia de Dios proviene no de la ciencia misma, sino de la teoría filosófica con la que se asocia. El cientificismo no es ciencia, sino una mala filosofía que presupone la fe. La inexistencia de Dios es, asimismo, algo invisible, es decir, un asunto de fe. La verdadera ciencia, siempre consciente de sus límites, no puede decir nada ni de manera negativa ni positiva acerca de Dios; tampoco puede demostrar que Dios no existe, así como no puede demostrar que Dios existe. La existencia de Dios corresponde a una esfera completamente distinta a la que se ocupa la ciencia en el estudio del mundo natural.» (source: enlace txt, página: 46)También es importante considerar los argumentos basados en el consenso de reconocidos científicos, quienes, a pesar de sus logros en la ciencia, continúan manteniendo su fe en Dios: «Examinemos, en primer lugar, los argumentos más conocidos sobre la no existencia de Dios. En segundo lugar, es natural que las personas de la ciencia –los científicos– tengan el conocimiento más fiable sobre lo que la ciencia demuestra o refuta. Por lo tanto, el hecho de que un gran número de destacados científicos crean en Dios y en Cristo es la evidencia más convincente de que la ciencia no refuta la existencia de Dios.» (source: enlace txt, página: 96)Finalmente, es interesante notar que muchos argumentos se construyen a partir de una evaluación comparativa de las alternativas en cuanto a cosmovisiones. Según uno de los autores: «Sin embargo, la complejidad de esta cuestión nunca fue impedimento para que la conciencia humana buscara la verdad a través de una evaluación comparativa de los argumentos de dos cosmovisiones mutuamente excluyentes: la religiosa y la atea. Solo puede haber una verdad: o existe Dios y, por lo tanto, hay eternidad y sentido en la vida, o no existe Dios, no hay eternidad y la muerte sin sentido espera al ser humano y a la humanidad.» (source: enlace txt, página: 96)En consecuencia, la argumentación sobre la existencia de Dios puede apoyarse en las siguientes posiciones clave: 1. El argumento cosmológico, que señala la necesidad de una causa primera para todo lo existente. 2. El argumento ontológico, que parte del concepto de un Dios perfecto. 3. El argumento teleológico, que interpreta el orden del mundo como una manifestación de una inteligencia superior. 4. La crítica a la posibilidad de una demostración científica, ya sea como confirmación o refutación, de la existencia de Dios. 5. Argumentos basados en las convicciones y opiniones de científicos que demuestran que la ciencia no está exenta de reconocer la existencia de Dios.Este amplio espectro de argumentos permite en el debate abarcar tanto aspectos filosóficos como empíricos del problema, enriqueciendo y profundizando la discusión sobre el tema.