El plan divino y el destino del mundo

El destino del mundo, según los materiales citados, se presenta como el resultado de un plan divino cuya base se funda en un acontecimiento histórico crucial para el desarrollo y la finalización del mundo temporal. Una de las fuentes afirma que el mundo entero está “compuesto” según la idea de la Cruz, es decir, la muerte en la cruz es el punto de partida de una historia que conduce al juicio final:

«Por tanto, al hablar de la composición del mundo se tenía en mente la muerte en la cruz, o lo que es lo mismo, la composición del mundo se realizó según la idea de la Cruz. Si la historia subsiguiente del mundo y, en especial, la del hombre es la ejecución del plan que subyace en la composición del mundo, entonces es preciso decir que la Cruz de Nuestro Señor fue el objetivo de la historia previa y constituye el punto de partida para la historia que le sigue. Ella es la fuerza motriz de todos los eventos mundiales, y pondrá fin al curso de los eventos temporales. Cuando aparezca en el cielo la señal del Hijo del Hombre, en ese instante se celebrará el juicio, la decisión del destino de los terrenales y el inicio de una nueva vida.» (fuente: enlace txt, página: 1)

En este concepto, el mundo avanza siguiendo un curso divino determinado, y el futuro, sea como sea, ya está inscrito en el orden de las cosas. Al mismo tiempo, Dios, a través de la gestión del mundo como Designio Divino, actúa como la máxima fuerza que no solo moldea el curso de la historia, sino que también advierte sobre las posibles consecuencias catastróficas. Como se destaca en otra fuente:

«La ley de esta administración se lee en la naturaleza, se lee en la vida pública y privada del hombre, se lee en las Sagradas Escrituras.

¿Acaso no valen dos pájaros, dijo el Salvador, para un solo licenciante; y ninguno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre?
Vosotros, fieles e inherentes siervos de Dios, y todos los principales de Vala... En Tu nombre, Señor mío, se consumará mi destino.» (fuente: enlace txt, página: 1)

Esta cita enfatiza que, incluso en el aparente caos de la naturaleza y la vida humana, existe un control divino. Cuando se producen eventos irreparables o catástrofes —sean guerras, desastres naturales u otras tragedias— el hombre recurre de manera natural a Dios como fuente de protección. Esto también se refleja en una de las fuentes:

«Cuando el mundo es cruel con el hombre, cuando ocurre alguna catástrofe: guerra, hambre, sequía, Chernóbil, el marido se ha ido, el niño ha muerto, —entonces el hombre, de manera natural, se dirige a Dios. Recuerda a su Padre Celestial y busca en Él protección, porque en realidad es indefenso. De hecho, si uno piensa detenidamente en cómo vivimos, verá que es, en esencia, por la misericordia de Dios. Nuestra vida siempre está literalmente en un hilo y depende de las coincidencias más absurdas, y con tan solo un poco —una enfermedad o la muerte. Todo esto está tan cerca, es tan fácil morir, y el hecho de que vivamos todos es la misericordia de Dios, es un milagro.» (fuente: enlace txt, página: 1)

Así, el destino del mundo está predeterminado dentro de un plan divino abarcador, donde el elemento clave es la muerte en la cruz, que orienta el curso de los eventos posteriores, y la gestión divina permite al hombre encontrar refugio en momentos de inminentes desastres y eventos irreparables. Dios, como la fuerza suprema, no solo guía el curso de la historia, sino que también es a quien la gente recurre en busca de protección y esperanza en los tiempos difíciles.

El plan divino y el destino del mundo

¿Acaso no valen dos pájaros, dijo el Salvador, para un solo licenciante; y ninguno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre?

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