Aceptando la Providencia Divina
A veces, las personas culpan a Dios por sus fracasos, porque no ven en lo que ocurre un plan sabio que actúa a través de las pruebas. Según los autores, cuando una persona no percibe la Providencia de Dios –el designio supremo por el cual cada acontecimiento, incluso los dolorosos, tiene su significado– tiende a atribuir sus fracasos a circunstancias externas o a otros, en lugar de reconocer que todo, incluidas las penas, forma parte de la voluntad divina.Como se menciona en las reflexiones presentadas en la fuente enlace txt, "
¿Fueron ellos quienes inculcaron en ti esta pasión?No, ella yacía, y a través de ellos, al ser expuesta por la mirada de Dios, se reveló. Con tan solo el autocensurarse y explicarse, tu corazón se habría liberado de la espina, ... Quien culpa a otros de sus fracasos y no quiere ver en ello la Providencia de Dios, será sometido a aún mayores penas... abandona a Dios y se rebela contra las personas, culpándolas de sus fracasos" (fuente: enlace txt). Aquí se destaca que la negativa del hombre a reconocer la presencia y acción de una voluntad superior conduce a proyectar su dolor y desilusión sobre Dios y quienes lo rodean, en lugar de someterse humildemente a las pruebas y extraer de ellas una lección.Ideas similares se repiten en otra fuente, en la que se subraya que precisamente la incapacidad de ver la sabiduría de la Providencia al timón de la vida y la terquedad de la propia voluntad llevan a que el hombre experimente aún mayores penas y sufrimientos, al rechazar la ayuda que puede ofrecer la humildad ante un plan superior (fuente: enlace txt).Así, las acusaciones contra Dios surgen no porque Él niegue al mundo y el amor, sino porque las personas no son capaces de aceptar que incluso las pruebas y los fracasos pueden ser parte de un plan grandioso y sabio, destinado a su corrección espiritual y salvación. Esta negativa a reconocer la responsabilidad interna y a ver las propias debilidades las obliga a buscar culpables en el exterior, lo que se convierte en la causa de las acusaciones hacia Dios.