La dualidad eterna de Cristo
Las concepciones religiosas sobre el poder de Jesús y de los dioses paganos se comparan principalmente a través del contraste entre la naturaleza y las manifestaciones de su divinidad. En una fuente se expone la idea de que las encarnaciones de los dioses paganos poseen un carácter efímero, fantasmal y temporal, estando inextricablemente ligadas a los ciclos de la naturaleza. Así, se señala que las deidades paganas renacen y mueren anualmente junto con la naturaleza, y que su vida está determinada por procesos externos y naturales, careciendo de una profunda componente moral. En contraste, Jesucristo es presentado como la encarnación eterna y única de Dios, poseedor de una doble naturaleza: verdaderamente divina y genuinamente humana. Es precisamente esta unión de perfecta divinidad y naturaleza humana lo que le permite ser considerado una fuerza que no se ve afectada por las variaciones del mundo natural.Tal como se indica en uno de los textos citados, «las encarnaciones de los dioses paganos tienen un carácter de fantasmalidad y temporalidad. El Señor Jesucristo no solo es Dios, sino también el verdadero Hijo del Hombre, que posee una naturaleza humana real y completa, unida por siempre a la Divinidad. Por tener en Él dos naturalezas, Él es el Dios-Hombre. Pero por la unidad de Su persona, es el Hijo de Dios, igual en todo al Padre y al Espíritu Santo. Esta enseñanza cristiana sobre la existencia de dos naturalezas, eternamente unidas —la divina y la humana en Cristo— es, en toda la historia y la filosofía, única.» (fuente: enlace txt)Además, se enfatiza que «la imagen del Cristo Salvador es ajena a todo elemento naturalista. En ninguno de los escritos del Nuevo Testamento se afirma que Cristo sea una fuerza natural del mundo. Los cristianos, a lo largo de toda la historia de la cristiandad, siempre han distinguido rigurosamente a Dios y al Mesías de la naturaleza y de sus manifestaciones.» (fuente: enlace txt) Así, en la perspectiva cristiana, la fuerza de Cristo se define no por la ciclicidad inherente a los dioses paganos, sino por un sacrificio único, significativo y eterno, que lo convierte en el ideal de perfección moral y fuerza espiritual.Supporting citation(s):«Las encarnaciones de los dioses paganos tienen un carácter de fantasmalidad y temporalidad. El Señor Jesucristo no solo es Dios, sino también el verdadero Hijo del Hombre, que posee una naturaleza humana real y completa, unida por siempre a la Divinidad...» (fuente: enlace txt)«La imagen del Cristo Salvador es ajena a todo elemento naturalista. En ninguno de los escritos del Nuevo Testamento se afirma que Cristo sea una fuerza natural del mundo. Los cristianos, a lo largo de toda la historia de la cristiandad, siempre han distinguido rigurosamente a Dios y al Mesías de la naturaleza y de sus manifestaciones.» (fuente: enlace txt)