Dualidad de Lujo y Fe: Los Mercedes en el Clero
La posesión de Mercedes por parte de los eclesiásticos ya no es simplemente una cuestión de movilidad cómoda, sino un importante símbolo. Es un signo de suficiencia material que puede tanto atraer como repeler. Por un lado, dicho signo puede interpretarse como una confirmación de que el representante del clero se mantiene firmemente en la tierra y cumple con los requisitos de una época en la que el éxito se asocia con logros materiales. Por ejemplo, en una de las declaraciones se señala que “El espectáculo de ‘un cura en un Mercedes’ puede asombrar a alguien y, al mismo tiempo, repelerlo, o bien asombrar y atraer. Hay grupos de personas que se sienten incómodos al ver a sacerdotes en un automóvil lujoso. Y hay otros que dirán: ‘Vaya, resulta que se puede estar firmemente en la tierra y ser un cristiano ortodoxo’” (fuente: enlace txt).Por otro lado, el énfasis en “la consagración de los Mercedes” puede convertirse en un signo de una interacción demasiado estrecha y superficial con los ricos. Se insinúa que, si los sacerdotes se limitan únicamente a los atributos externos de la riqueza, corren el riesgo de crear una peligrosa ilusión de cercanía a Dios en los representantes de los estratos poderosos de la sociedad. Como se enfatiza en otra declaración: “Debemos comprender de una vez que las personas ricas son, al igual que todos los demás, objeto de la predicación. Realmente, les estamos despojando de sus almas inmortales y, sin duda, pecaminosas, si nos limitamos en la comunicación con ellos únicamente a consagrar los ‘Mercedes’, a beber vodka en fiestas y a pedir ayuda material en eventos” (fuente: enlace txt).De esta manera, la posesión de Mercedes por parte de los eclesiásticos simboliza una dualidad: por un lado, es un logro de bienestar material y una confirmación de estabilidad vital, y por el otro, implica el riesgo de disminuir la importancia de la comunicación espiritual si la atención se concentra únicamente en los símbolos de prestigio. Esto se convierte simultáneamente en un instrumento de atracción y en una fuente de crítica, cuando la forma de abordar estos atributos llega a ser más relevante que las cualidades espirituales mismas.