Trampas internas de la autoconciencia
Los engaños internos de la autoconciencia, tales como ilusiones y alucinaciones, pueden socavar significativamente la confianza en la autenticidad de nuestro "yo" interno. Estos fenómenos no solo nos desorientan acerca de la percepción del mundo exterior, sino que también nos hacen dudar de la veracidad con la que nos percibimos a nosotros mismos. Por ejemplo, una de las fuentes citadas relata el caso de un experimento de hipnosis en el que una joven, bajo sugestión, se percibía primero como un bombero ebrio y luego como un arzobispo. Esta experiencia demuestra que incluso nuestra percepción personal está sujeta a transformaciones: cuando las ilusiones y alucinaciones "engañan" nuestro sistema sensorial, cuestionan en esencia la fiabilidad de toda la autoconciencia y la representación de nuestra propia identidad.Así, estos engaños internos generan dudas sobre la estabilidad e inmutabilidad de nuestro "yo" personal, evidenciando que nuestra autopercepción puede cambiar radicalmente bajo la influencia de mecanismos psicológicos específicos. Esto señala una profunda conexión entre los engaños sensoriales y la integridad de nuestro mundo interior, permitiendo la posibilidad de surgimiento de divisiones o representaciones distorsionadas de la propia identidad.Supporting citation(s):"Si las llamadas engaños de los sentidos (ilusiones y alucinaciones) nos dan el derecho a dudar de la veracidad de la sensación como testimonio de la realidad objetiva del mundo físico, entonces los engaños de la autoconciencia, aunque no tan frecuentes, nos incitan de igual manera a dudar de sus testimonios sobre la verdadera realidad de nuestro sujeto psíquico. ... Es evidente que estos hechos, aunque en menor número, socavan radicalmente la supuesta autoveracidad de nuestra autoconciencia personal" (source: enlace txt)."En una edición especial publicada recientemente, se informó que durante un experimento de hipnosis en Francia, una modesta joven de clase trabajadora, bajo la influencia de la sugestión, se percibía —según se evidenciaba en sus gestos, expresiones, palabras y acciones— primero como un bombero ebrio y luego como un arzobispo de París. ... estos hechos, aunque en menor número, socavan radicalmente la supuesta autoveracidad de nuestra autoconciencia personal" (source: enlace txt).