El Laberinto de la Falsedad
La mentira, entendida como la distorsión intencional de la realidad, no solo reemplaza un modelo del mundo por otro, sino que gradualmente se transforma en un sistema que configura en la persona una percepción equivocada de sus verdades fundamentales. A medida que la información distorsionada se repite, el individuo comienza a acostumbrarse a ella, aceptándola como su propia realidad. Como resultado, los valores y conceptos auténticos pierden su fuerza, cediendo lugar a imágenes fabricadas de falsedad.Así, como se indica en una fuente, "Sin darse cuenta, las personas distorsionan la verdad, intentan convencer a otros de ello e incluso llegan a convencerse de que la verdad distorsionada ya les parece real. De ese modo, se adentran en las imágenes de falsedad que han creado, aceptando esa falsedad como verdad y quedando inadvertidamente envueltas en una fina telaraña de mentiras" (source: enlace txt). Este proceso lleva a que las nociones fundamentales del bien, la verdad y la justicia pierdan su objetividad, siendo sustituidas por creencias subjetivas y distorsionadas.En cuanto a la motivación, la bibliografía también señala que el ser humano recurre a la mentira de manera no aleatoria: a menudo surge como una especie de mecanismo de defensa que le permite evitar conflictos internos o cumplir obligaciones incómodas relacionadas con la aceptación de la verdad. Como se afirma: "Y así como todo pecado surge o por placer, o por avaricia, o por la búsqueda de la fama, la mentira puede originarse de estas tres causas. El ser humano miente ya sea para no recriminarse a sí mismo y no someterse, o para satisfacer sus propios deseos..." (source: enlace txt). Así, la mentira funciona como un medio de autoprotección, justificación de las propias debilidades, y realización de ambiciones egoístas, otorgando al individuo la posibilidad de ocultar sus verdaderas motivaciones o evitar una autocrítica incómoda.En resumen, la distorsión intencionada de la realidad transforma las verdades fundamentales en un conjunto de imágenes adaptadas, a las cuales la persona se acostumbra y en las que se pierde la capacidad de evaluar críticamente la realidad. Al mismo tiempo, los impulsos internos —el sentimiento de incapacidad para aceptar sus debilidades o cumplir con las exigencias de la verdad— lo empujan por el camino de la mentira, convirtiendo el engaño en un medio habitual de autoafirmación y defensa.