El horizonte incierto de la espera
Una espera prolongada hace que una persona perciba el futuro como algo incierto y lejano, precisamente porque el futuro existe solo como una expectativa y no como un evento concreto. La percepción interna del tiempo es tal que el presente es fugaz y el futuro, al permanecer solo en el ámbito de la expectativa, se disuelve progresivamente en la incertidumbre y la lejanía. Como se dice en una de las fuentes:"El tiempo futuro prolongado no existe; un futuro prolongado es una larga espera del futuro. El pasado prolongado no existe; un pasado prolongado es una larga memoria del pasado." (fuente: enlace txt)Esta afirmación subraya que, debido a que el futuro no tiene un contenido fijo y se pospone continuamente, nuestra mente lo percibe como algo nebuloso y aplazado. Cuando la espera se prolonga, la expectativa del mismo futuro se extiende tanto que la posibilidad de que se produzca pierde su concreción, volviéndose menos tangible y casi inasible. Como confirma la segunda fuente:"cuanto más tiempo esperamos, cuantas más de nuestras esperanzas resultan ilusorias, más nebulosa se vuelve la posibilidad de que se produzca el futuro; se aleja hacia una distancia inasible, ya no lo esperamos para mañana o pasado mañana, sino solo 'dentro de algunos años', y nadie puede predecir cuántos años debemos esperar..." (fuente: enlace txt)Así, cuando la espera se prolonga en el tiempo, conduce a que el futuro deje de percibirse como algo real y alcanzable, convirtiéndose en un horizonte indefinido y nebuloso, distante de nuestras orientaciones vitales reales. Esta sensación psicológica de incertidumbre y lejanía surge porque nuestras esperanzas y expectativas no encuentran continuación en un presente concreto, sino que quedan atrapadas en un proceso continuo y prolongado de espera.