Entre normas y expectativas: la espera del ideal social
Las normas sociales y las expectativas de la sociedad juegan un papel decisivo en la manera en que el individuo percibe y vive el periodo de espera. Por un lado, las normas e ideales impuestos por la sociedad establecen la imagen de lo que debería ser el camino “correcto” en la vida, lo que genera una presión interna y la expectativa de adherirse a dichos estándares. Esto lleva a que la espera se convierta en algo más que una pausa en el tiempo, transformándose en una prueba de paciencia y resiliencia moral, en la que el individuo se ve forzado a aceptar las dificultades cotidianas mientras siente que su experiencia personal no se ajusta al ideal idealizado.Como se señala en una de las fuentes, “Y cuando la paciencia se convierte en la virtud más rara ... La paciencia es la consagración de uno mismo y la espera del dolor diario” (fuente: enlace txt). Aquí, la espera aparece como una parte inseparable de la vida, que en condiciones del ideal social se transforma en una constante prueba en la que la paciencia es la única virtud, medida a través del sufrimiento y el auto-sacrificio.Por otro lado, el orden social y las normas crean una especie de matriz simbólica – algo objetivo que existe “en sí mismo” – gracias a lo cual el individuo comienza a verse a sí mismo como parte de un determinado entorno social, a menudo idealizado. Así, una de las fuentes explica: “Esta paradoja caracteriza el orden simbólico como un orden de virtualidad: no existe ‘por sí mismo’, independiente de los individuos que están relacionados con él ... Como decía Hegel sobre la sustancia de la sociedad, aunque ésta exista únicamente gracias a las acciones de los individuos, sigue siendo su SUSTANCIA, el ‘en sí mismo’ objetivo de su existencia social” (fuente: enlace txt). Esta objetivación de las expectativas sociales condiciona que incluso los periodos de espera sean percibidos a través del prisma de los estándares sociales que influyen en la autoimagen y el sentimiento de identidad personal.Además, la representación en la conciencia de la imagen de un entorno social ideal es capaz de intensificar las experiencias emocionales durante la espera. Una de las fuentes señala: “si en su servicio se le mira con desaprobación, — es que en otra sociedad juega un papel mayor y es altamente valorado: una cosa no anula ni reemplaza a la otra ... Sin embargo, no es difícil notar que, en la conciencia del individuo, se crea una imagen del entorno social ideal” (fuente: enlace txt). Esta discrepancia entre la experiencia personal y las normas impuestas puede conducir a un conflicto interno, en el que la espera se convierte en el resultado de una actitud dual: por un lado, la esperanza de corresponder mejor al ideal social y, por otro, la evaluación crítica de la propia realidad, que parece insuficientemente significativa o plena.Finalmente, la propia ambivalencia en torno a la espera se refleja en la reflexión: “Incluso la apariencia de una catástrofe es parte de ella ... Pero, además de esta consideración,
¿cuánto tiempo debemos y podemos esperar, y es posible pasar nuestra vida en una inacción y en una espera sin sentido, de duración indefinida?” (fuente: enlace txt). Aquí, la espera se percibe no solo como una pausa determinada por la sociedad, sino también como un fenómeno que puede adquirir un carácter destructivo si su duración excede lo comprensible y aceptable, según lo establecido por las normas sociales.En resumen, las normas sociales y las expectativas de la sociedad conforman una especie de “marco interpretativo” a través del cual el individuo experimenta el tiempo de espera. No solo dictan cómo debe ser el camino de la vida, sino que también influyen en la carga emocional de ese periodo, condicionando tanto su significado normativo como la contradicción interna entre el ideal y la realidad.