La profundidad de la metáfora y el símbolo en la experiencia espiritua
Uso de metáforas y símbolos, como en las palabras de Cristo sobre “el camino, la verdad y la vida”, permite observar la realidad espiritual a través del prisma de una experiencia polifacética que trasciende la comprensión literal. Tales imágenes no se limitan a conceptos estrechamente definidos, sino que integran tanto el camino de la vida como el criterio de la verdad y la medida de la existencia; es decir, representan una imagen holística de la realidad divino-humana.Por ejemplo, en una de las fuentes se expresa: “El camino, la verdad y la vida, en Él son una realidad única e idéntica en esencia, un misterio trino e indivisible.
¿Qué se entiende por que Cristo es ‘el camino’?Esto significa que Él, como camino, nos revela su forma de vivir, entre nosotros y para nosotros, su labor divino-humana, su práctica divino-humana… La verdad, manifestada en Él, al volverse visible y palpable, es por naturaleza la Verdad divino-humana: la verdad acerca del verdadero hombre y del verdadero Dios…” (fuente: enlace txt).Aquí se subraya que la metáfora no sirve únicamente para embellecer el discurso, sino como medio para transmitir toda la profundidad y complejidad de la experiencia espiritual. Las palabras de Cristo se convierten en un criterio mediante el cual el creyente puede comprender no solo el camino moral, sino la esencia misma del ser, en la que la vida del hombre y la naturaleza de la Divinidad se entrelazan de forma inseparable.Más adelante, en otra fuente se evidencia que la estructura de la frase “Yo soy el camino, la verdad y la vida” es en sí misma polisémica: “¿Cómo se relaciona el concepto de camino con la idea de vida —aquella que no se perderá, sino que, por el contrario, se ganará?... A veces se dice, haciendo referencia a este versículo: Cristo es la verdad encarnada... Pero en el texto evangélico todo no es tan sencillo como parece a primera vista.” (fuente: enlace txt).Esta repetición de una única conjunción crea una estructura rítmica y semántica, en la que cada componente —camino, verdad y vida— está inextricablemente ligado a los demás. Esto destaca que la comprensión de las verdades espirituales se logra mediante una percepción integral de la realidad, y no a través de aspectos individuales que puedan ser tratados de forma separada y sistemática.Finalmente, cobra relevancia el propio concepto del símbolo. Como señala una de las fuentes, “El símbolo, según Florenski, es fundamentalmente antinómico, es decir, une cosas que se excluyen mutuamente desde la perspectiva de un pensamiento discursivo unidimensional. Por ello, su naturaleza se resiste a la comprensión plena por parte de una persona de la cultura neoeuropea.” (fuente: enlace txt).Así, el uso de metáforas y símbolos permite al creyente no simplemente aceptar dogmas preestablecidos, sino sumergirse en un profundo proceso de búsqueda y vivencia de la verdad. Tales imágenes se convierten en un puente entre la comprensión ordinaria y las realidades espirituales profundas, despertando una percepción intuitiva y sensorial de las verdades superiores que puede resultar inaccesible mediante una interpretación directa y literal.Supporting citation(s): “El camino, la verdad y la vida, en Él son una realidad única e idéntica en esencia, un misterio trino e indivisible... La verdad, manifestada en Él, al volverse visible y palpable, es por naturaleza la Verdad divino-humana: la verdad acerca del verdadero hombre y del verdadero Dios, es decir, sobre el Divino-humano.” (fuente: enlace txt) “¿Cómo se relaciona el concepto de camino con la idea de vida...? Pero en el texto evangélico todo no es tan sencillo como parece a primera vista.” (fuente: enlace txt) “El símbolo, según Florenski, es fundamentalmente antinómico, es decir, une cosas que se excluyen mutuamente desde la perspectiva de un pensamiento discursivo unidimensional...” (fuente: enlace txt)