Transformación Interior a través del Evangelio

La lectura del Evangelio no se limita a una percepción mecánica del texto; se transforma en una profunda contemplación espiritual y en una revelación personal gracias a que este proceso toca la esencia misma del alma humana y conduce a una transformación interior. Al leer el Evangelio, la persona se libera gradualmente de las antiguas ataduras y pasiones, lo que permite que su mente se prepare para un renacimiento espiritual. Así, como se expresa en una de las fuentes:

"El verdadero acto de contemplar lo material y lo inmaterial, incluida la Santa Trinidad, es otorgado por Cristo. Esta contemplación fue mostrada y enseñada por Cristo a las personas, cuando en Su Encarnación renovó la naturaleza humana y, mediante Sus mandamientos que infunden vida, abrió el camino hacia la verdad. La naturaleza humana solo se vuelve capaz de una auténtica contemplación cuando el hombre, a través del sufrimiento, el acatamiento de los mandamientos y la aflicción, se despoja de su antiguo yo. En ese caso, la mente adquiere la capacidad de un renacimiento espiritual, de contemplar el mundo espiritual y su verdadera patria. Esto significa la contemplación del nuevo mundo mediante el espíritu de la revelación, en el cual la mente se deleita espiritualmente y existe por la acción de la gracia. Dicha contemplación se convierte en alimento para la mente hasta que ésta se fortalece lo suficiente para aceptar una contemplación más perfecta que la primera, ya que esa contemplación conduce al hombre hacia otra contemplación, hasta que la mente es introducida en la esfera del amor perfecto. Y el amor es el centro de todo lo espiritual y habita en la pureza del alma. Cuando la mente se encuentra en la esfera del amor, la gracia actúa: la mente acepta la contemplación espiritual y se convierte en contemplativa de aquello que está oculto – θεωρητικος των κρυπτων" (fuente: enlace txt).

Simultáneamente, la revelación personal ocurre cuando el lector, abriendo su mente y corazón, permite que la Palabra de Cristo le hable directamente. Como expresó el mitropolitano Antonio Surózhsky:

"Bendíceme, ayúdame a abrir mi mente, a tener un corazón sensible, ayúdame a ser intrépido. Porque, sin duda, me encontraré con lugares que requerirán un cambio en mi vida, un cambio en mi relación con las personas, conmigo mismo, y temeré ese cambio. Ayúdame a ser valiente, audaz, pero también sabio…" (fuente: enlace txt).

Esta apertura implica no una lectura apresurada, sino una en la que, tras haber leído, es fundamental hacer una pausa y escuchar el silencio que llena la mente y el alma, permitiendo que la voz interior responda y oriente a la persona hacia un nuevo nivel de existencia espiritual. De este modo, la lectura constante y sincera del Evangelio se convierte en un camino por el cual, a través de la purificación del alma y el despertar del amor, la mente adquiere la capacidad de percibir no solo el significado evidente, sino también revelaciones profundas y secretas.

En conclusión, se puede decir que el proceso de lectura del Evangelio se transforma en una profunda contemplación espiritual y revelación personal mediante la transformación interior: desde la liberación del antiguo "yo" y de las pasiones, hasta la apertura del corazón y la mente a la acción de la gracia y el amor, lo que permite que la persona se acerque directamente a las palabras de Cristo y encuentre en ellas una nueva vida.

Transformación Interior a través del Evangelio

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