La Generosidad Divina Sin Condiciones
La generosidad divina se organiza de manera completamente diferente a la medida y distribución habitual de dones en el ámbito humano. En el enfoque tradicional humano prevalece un sistema de intercambio mutuo, donde cada don es evaluado, medido y debe ser compensado con una respuesta equivalente. A diferencia de ello, la generosidad divina no considera las cosas como propiedad personal, sino que las percibe como dones otorgados al hombre por Dios, en los que el hombre actúa simplemente como custodio y mediador en la distribución posterior de dichos dones.Como se dice claramente en una de las fuentes:"El Señor no otorga nada y a nadie en propiedad exclusiva, sino que lo da como a un mediador que le ayudará en la distribución de los dones. Todos somos mediadores y asistentes en la distribución de los dones. Todo es de Dios, nada es nuestro." (fuente: enlace txt)Esta cita enfatiza que el sistema divino de la donación no se basa en el principio de "tú me das, yo te doy", sino en la comprensión de que toda la riqueza y todas las capacidades son otorgadas al hombre para que las comparta con los demás. La donación aquí tiene un carácter no solo material, sino también espiritual. El hombre que da generosamente recibe bendición doble, ya que su disposición para entregar algo más que bienes materiales lo convierte en un instrumento en manos de Dios para ayudar a otros.Otra cita refuerza esta idea, mostrando que en la generosidad divina la medida de los dones va mucho más allá de las concepciones humanas cotidianas:"Aquí Él recompensa diez veces, y allí, además, concede la vida eterna, – y a pesar de ello, nadie confía en conservar sus acúmulos... Esto es precisamente el mayor signo de Su generosidad, que no es aquí, en esta vida perecedera, donde Él nos recompensa; más bien se podría decir que aquí también recompensa proporcionalmente." (fuente: enlace txt)De este modo, la generosidad divina supera las concepciones tradicionales humanas precisamente en que no opera con estrictos equivalentes de intercambio, sino que actúa según el principio de dar incondicionalmente, abarcando lo material, lo espiritual y lo emocional. En lugar de medir la contribución personal según el beneficio recibido, el hombre se convierte en custodio de los dones que administra en beneficio no solo propio, sino de todos los que le rodean, reconociendo que, en esencia, todo pertenece a Dios.