La Generosidad Infinita de la Gracia
San Gregorio el Teólogo interpreta la generosidad como un principio profundamente arraigado en la idea de que todo lo que el hombre posee, en realidad, pertenece a Dios. Él sostiene que el cristiano actúa únicamente como un custodio temporal, un "administrador de bienes ajenos", y que su deber consiste en disponer de ellos conforme a la voluntad divina. En sus tratados se subraya que, al entregar aunque sea una parte de sus posesiones (¡o incluso a sí mismo!), el hombre jamás podrá compararse con la generosidad de Dios, pues todo emana de Él y regresa a Él en abundancia. Como se expresa:"Da, —nos instruye— un poco al que te ha dado muchísimo. Da también todo al que te ha dado todo. Nunca serás más generoso que Dios, aunque entregues todo lo que posees, aunque te entregues juntamente con tus bienes: porque justamente para entregarte a Dios, el hombre recibe de Él. Por mucho que le pagues, siempre quedará aún más, y nada de lo que tengas es verdaderamente tuyo, ya que todo proviene de Dios. Y así como no se puede superar la propia sombra... ni el cuerpo puede crecer más alto que la cabeza... tampoco es posible que superemos con nuestros dones a Dios." (fuente: enlace txt)De esta enseñanza se desprende que, para San Gregorio, la generosidad es ilimitada, pues aunque el hombre ofrezca todo lo que tiene, no puede alcanzar la medida con la que Dios otorga. Esa generosidad es la manifestación viva de la gracia divina, que trasciende cualquier límite o medida de las ofrendas humanas. En su doctrina, la generosidad adquiere no solo una dimensión moral, sino también se convierte en un instrumento de respuesta espiritual frente al inmenso don de Dios.