La transformación divina del ser humano

La filosofía considera la naturaleza divino-humana del hombre como la base a través de la cual éste comprende y realiza el sentido supremo de su existencia, incluida la comprensión del bien. Desde este punto de vista, el hombre, por su naturaleza, no es perfecto y necesita una transformación interior que se alcanza mediante la conexión con lo divino. Es precisamente esta conexión la que le permite percibir el bien como parte inseparable de su esencia.

Así, como se dice en una de las fuentes, “Todo en él se termina, se completa y se perfecciona solamente a través del Divino-Humano. En esencia, el hombre es un ser que se dirige hacia Cristo, pues el Divino-Humano es el único propósito verdadero del hombre. ... Un posible criterio podría ser el siguiente: sólo es ortodoxo lo que es divino-humano, y viceversa: sólo es divino-humano lo que es ortodoxo” (fuente: enlace txt). Aquí se subraya que el verdadero cometido del hombre y su perfección moral están ligados a participar de lo divino, es decir, a la transformación en un ser divino-humano.

Adicionalmente, uno de los textos señala que “La divino-humanidad es un doble misterio – el misterio del nacimiento de Dios en el hombre y del hombre en Dios... El hombre, según su eterna idea, está arraigado en la divino-humanidad y vinculado con el Divino-Humano” (fuente: enlace txt). Esta perspectiva muestra que la existencia misma del hombre está directamente relacionada con la presencia de un principio divino en él, sin el cual la verdadera comprensión del bien y los altos valores morales sería imposible.

Otro razonamiento indica: “Lo divino trasciende al hombre, y lo divino está misteriosamente unido con lo humano en la imagen divino-humana. Sólo así es posible la manifestación de una personalidad en el mundo, que no se submeta a él... El hombre es un ser compuesto de múltiples elementos, que porta en sí la imagen del mundo, y no sólo la imagen del mundo, sino también la imagen de Dios” (fuente: enlace txt). Aquí se plasma la idea de que el bien, como criterio absoluto, se manifiesta en la unión del hombre con lo divino. Esa unión permite a la personalidad trascender la cotidianidad y obtener un sentido verdadero y una moralidad que son partes inherentes de su ser.

Finalmente, otra fuente enfatiza que “El hombre, como límite entre la naturaleza creada y la no creada... está dotado de la capacidad de unirse con [Dios] de manera inmediata, lo que significa – la divino-humanidad – el núcleo de su existencia... El hombre es 'capax infiniti', pues es receptivo a la energía de lo Infinito” (fuente: enlace txt). Precisamente en esta receptividad a energías infinitas y superiores se halla la clave para el conocimiento del bien absoluto, que se revela a través de la constante aspiración del hombre hacia la perfección, hacia la fusión con lo divino.

Así, la tradición filosófica subraya que la comprensión del bien no puede separarse de la naturaleza divino-humana. Solo mediante la transformación espiritual, que ocurre al unirse el hombre con Dios, este llega a conocer los verdaderos valores morales y a dar a su existencia un sentido supremo, donde el bien se torna en algo esencial y definitorio de su ser.

Supporting citation(s):
"Él es el ejemplo ideal y concreto para el hombre; al mismo tiempo, es una fuerza divina que transforma todo lo humano en lo divino-humano, y la comunidad humana en una sociedad divino-humana. Por sí mismo, el hombre es un ser inacabado e imperfecto. Todo en él se completa, se termina y se perfecciona únicamente a través del Divino-Humano. En esencia, la naturaleza del hombre es la de un ser que se dirige hacia Cristo, pues el Divino-Humano es el único verdadero destino del hombre. Los orígenes de la ontología y fenomenología del Ortodoxismo se encuentran en el Divino-Humano. Todo aquello que no provenga del Divino-Humano y según el Divino-Humano, no es ortodoxo. Un posible criterio podría ser el siguiente: sólo es ortodoxo lo que es divino-humano, y viceversa: sólo es divino-humano lo que es ortodoxo. Y todo lo demás, lo que emana del hombre, del “hombre puro” o del “hombre infalible”, destruye el ser humano, sumiéndolo en la nada." (fuente: enlace txt)

"La divino-humanidad es un doble misterio – el misterio del nacimiento de Dios en el hombre y del hombre en Dios. No solo existe la necesidad del hombre de Dios, sino también la necesidad de Dios del hombre. El monismo y el monofisismo niegan la doble verdad y la autonomía del hombre. Existen dos movimientos: el movimiento de Dios hacia el hombre y el del hombre hacia Dios. El hombre es necesario para la vida divina, para su plenitud. Y por ello existe tanto el drama divino como el humano. Las relaciones entre Dios y el hombre no son de mandato, sino dramáticas. El nacimiento del hombre en Dios es un proceso teogonético. El hombre, según su eterna idea, está arraigado en la divino-humanidad y vinculado al Divino-Humano. Por ello se puede decir que existe una humanidad preeterna en Dios, existe un Hombre preeterno, al que la cábala llamaba Adam Kadmon. La humanidad existe en la eternidad y debe realizarse en el tiempo. Esto es el misterio de la relación paradójica entre la eternidad y el tiempo." (fuente: enlace txt)

"Antes de comprender la paradójica verdad sobre la divino-humanidad, la filosofía humanista jamás se atrevió a elevarse. En cambio, la filosofía teológica se esforzaba por racionalizar esta verdad. Todas las doctrinas teológicas sobre la gracia significaban meramente formulaciones de la verdad acerca de la divino-humanidad del hombre, sobre la acción interna de lo divino en lo humano. Pero es completamente imposible comprender este misterio de la divino-humanidad a la luz de la filosofía de la identidad, el monismo o el inmanente. La expresión de este misterio presupone un momento dualista, una experiencia de trascendencia, la vivencia y superación de un abismo. Lo divino trasciende al hombre, y lo divino se une misteriosamente con lo humano en la imagen divino-humana. Sólo así es posible la manifestación de la personalidad en el mundo, sin someterse a él. La personalidad es humana, y supera lo meramente humano, dependiente del mundo. El hombre es un ser multifacético; porta en sí la imagen del mundo, pero no es sólo la imagen del mundo, sino también la imagen de Dios. En él se libra la lucha entre el mundo y Dios, siendo un ser dependiente y libre." (fuente: enlace txt)

"Dios se manifiesta en el mundo a través de sus energías creadoras y vivificantes. El hombre, como el límite entre la naturaleza creada y la no creada – y en él, el mundo creado para su beneficio – tiene no solo la capacidad de conocer, de conocer a Dios y, mediante su hazaña, acercarse a Dios, sino que también está dotado de la habilidad para unirse a Él sin intermediarios, lo que significa que la divino-humanidad es el núcleo de su ser, y que el Divino-Humano es el criterio supremo de su crecimiento. La cosmicidad y la humanidad están interrelacionadas y existen para la divino-humanidad. El hombre nace y existe no para permanecer como es, encerrado en sí mismo y en su cosmicidad, sino que está llamado a crecer hacia “la edad de Cristo” (apóstol Pablo), es decir, a convertirse en divino-humano. El hombre es "capax infiniti", pues es receptivo a la energía de lo Infinito; como tal, es capaz de trascender, de salir de la condicionante naturaleza material y ascender a las alturas eternas de la divino-humanidad y la deificación, sin dejar de ser lo que es por esencia y sin identificarse con la esencia de lo Supradimensional." (fuente: enlace txt)

La transformación divina del ser humano

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