Orgullo y desdén: la ruptura del pacto moral
Los valores sociales y las tradiciones culturales ejercen una influencia decisiva en la violación del contrato moral invisible, que se manifiesta a través de la ingratitud, ya que configuran la manera de pensar y el comportamiento de las personas en cuanto a la responsabilidad mutua, el respeto y el reconocimiento. En primer lugar, el fomento de actitudes de orgullo y la importancia personal en la sociedad contribuyen a que las personas, especialmente aquellas en altos cargos sociales, se perciban por encima de los demás, lo que dificulta el desarrollo de un sentimiento de gratitud mutua. Esto lo confirma el siguiente fragmento de la fuente « enlace txt»:«Es terroroso decirlo, lo vemos en gran medida, pero así no debería ser: no debemos atraer hacia nosotros las terribles palabras apostólicas sobre los ingratos. ...
¿Y quién es ingrato?Todos los orgullosos, carentes de humildad. El hombre rico, el hombre poderoso, que ocupa una posición alta en la sociedad, siempre se comporta como si estuviera por encima de todos los demás, y por ello todos los inferiores deben servirle.»De este modo, la predominancia del orgullo y la falta de humildad llevan a que las personas comiencen a esperar un trato especial y no consideren la ayuda recibida como base para una sincera reciprocidad.Además, las tradiciones culturales y la educación familiar pueden sentar las bases de la ingratitud mediante la demostración de una carencia de amor, compasión y ejemplo de cuidado genuino. Así, en otra fuente, « enlace txt», se enfatiza que, incluso en casos de suficiencia material o bienestar aparente, la falta de calidez emocional en las relaciones parentales, junto con el inculcado sentido del interés personal en lugar de la amistad, conduce a que los niños en el futuro no muestren la gratitud natural hacia sus padres y seres queridos. Este fragmento ilustra que la insensibilidad y la indiferencia, acumuladas en la infancia, se convierten en la base para la violación del contrato moral en la edad adulta.Se puede concluir que, cuando las tradicionales concepciones sobre los propios derechos y prioridades personales superan los ideales de respeto mutuo social, se socava el propio fundamento moral de la sociedad. La falta de gratitud, como reflejo de la pérdida de la conexión entre el apoyo mutuo y la responsabilidad, se está convirtiendo en la norma, condicionada por valores sociales y tradiciones en los cuales el interés personal se antepone al bien colectivo.Supporting citation(s):«Es terroroso decirlo, lo vemos en gran medida, pero así no debería ser: no debemos atraer hacia nosotros las terribles palabras apostólicas sobre los ingratos. ...
¿Y quién es ingrato?Todos los orgullosos, carentes de humildad. El hombre rico, el hombre poderoso, que ocupa una posición alta en la sociedad, siempre se comporta como si estuviera por encima de todos los demás, y por ello todos los inferiores deben servirle.» (fuente: enlace txt)«Aquí también se pueden encontrar aquellos cuyos hijos están más que provistos, pero o bien demasiado ocupados para cuidar a sus padres, o el esposo (o la esposa) se niega a vivir con la suegra (o el suegro), ... en resumen, en cualquier circunstancia se ha enseñado a preferir, con valentía y decisión, el propio interés egoísta sobre la generosidad y la amistad.» (fuente: enlace txt)