El Misterio del Dios Vivo y Eterno

Desde la perspectiva de la tradición vaisnava, la verdadera naturaleza de Dios se presenta como un ser personal, viviente y omnipervasivo, que es la fuente y la fuerza sustentadora de toda la existencia. Este Dios no es una fuerza sin rostro ni una energía abstracta, sino que posee cualidades de amor ilimitado, sabiduría y grandeza, a quien cada corazón puede dirigirse. Para los vaisnavas, al igual que para el cristiano, la resurrección de Cristo revela el verdadero semblante de Dios y la naturaleza humana, mostrando que Dios es quien permite al hombre comprender su esencia original y suprema. En este sentido, el Señor resucitado simboliza no solo un milagro, sino también la dignidad primordial y profunda de la personalidad, que siempre ha residido en cada ser humano.

Tal como se expresa en una de las fuentes:
"El Señor resucitado es un milagro de milagros; sin embargo, es precisamente como milagro de milagros que Él es vuestra verdadera naturaleza, la verdadera naturaleza humana, la primordial, paradisíaca naturaleza de Adán. La verdadera naturaleza del hombre no debe estar sometida a la naturaleza circundante y sin voz, sino que está destinada a dominarla poderosa y omnipotentemente." (fuente: enlace txt)

Además, se considera otro aspecto de la naturaleza divina que enfatiza que Dios abarca la totalidad del ser, permaneciendo eterno e inmutable, a pesar de nuestro limitado entendimiento y representación de Él. Esto ayuda a comprender que su esencia no solo abarca el mundo material, sino también el aspecto espiritual de la vida, incitando al hombre a buscar una conexión con la fuente inmensurable y omnipervasiva. Así se describe al Señor:
"Y con este nombre Él se nombra a Sí mismo, conversando con Moisés en la montaña (Éxodo 3:14); porque concentra en Sí mismo la totalidad del ser, que no tuvo principio ni tendrá fin. ..." (fuente: enlace txt)

De este modo, una explicación accesible para el cristiano podría expresarse de la siguiente manera: Dios, según el punto de vista vaisnava, es ese mismo Creador amoroso y majestuoso que se manifiesta como la fuente eterna y viviente de todo lo existente. Su esencia no puede limitarse a los confines de una comprensión cotidiana, ya que Él tanto mora en nosotros como nos trasciende, de la misma manera en que Cristo, mediante su resurrección, abrió ante la humanidad la posibilidad de conocer el verdadero y eterno ser. Esta comprensión subraya que la comunión personal con Dios revela al hombre la verdadera naturaleza de su alma y la herencia eterna otorgada por el propio Creador.

El Misterio del Dios Vivo y Eterno

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