El Poder Transformador de Nuestras Palabras

El enunciado «de tus palabras te condenarás y de tus palabras te justificarás» se puede interpretar como una llamada a tomar una profunda conciencia de la responsabilidad personal por todo lo que decimos. Las palabras se consideran no simplemente como palabras, sino como el reflejo de nuestro estado interior y de nuestra esencia espiritual. Es decir, en el proceso de auto-determinación espiritual, cada palabra pronunciada se convierte en una especie de medida de nuestra elección, de nuestras convicciones y valores. Asumimos una responsabilidad personal: nuestras palabras pueden ser tanto testimonio de honestidad y rectitud como fuente de auto-reproche si se desvían de nuestros ideales espirituales internos.

Por ejemplo, una de las fuentes indica de manera directa que cada palabra vana tendrá su consecuencia en el Día del Juicio:
«Os digo que a toda palabra ociosa que hablen los hombres, darán cuenta en el día del juicio: porque de tus palabras te justificarás, y de tus palabras te condenarás.» (fuente: enlace 12.txt)

Esta interpretación enfatiza que el discurso es una parte inseparable de nuestra elección espiritual. Somos nosotros quienes determinamos de qué manera manifestamos nuestra fe y nuestras convicciones a través de las palabras. Por un lado, una elección consciente y fiel de las palabras puede justificarnos ante los ojos del Señor, reflejando una virtud interior. Por otro lado, expresiones imprudentes o dañinas se convierten en motivo de condena, ya que revelan nuestro estado interno, incluso si este permanece oculto para los demás.

Otra fuente también subraya que es a través de nuestro discurso que nos presentamos ante el Juez, lo que significa que nuestras palabras tienen una importancia suprema en el autoconocimiento espiritual:
«No pienses, dice el Salvador... en ti está el poder tanto de hablar como de callar. No por las palabras de otro, sino por tus propias palabras el Juez dictará sentencia.» (fuente: enlace txt)

Así, el enunciado confiere a cada palabra una gran relevancia, exigiéndonos una actitud consciente hacia nuestras expresiones. Esto no es tanto una restricción a la libertad de palabra como un recordatorio de que cada palabra pronunciada es una declaración de uno mismo, un reflejo de nuestra elección interior y, por ende, de nuestra auto-determinación espiritual. Si las palabras reconcilian y afirman esa pureza que nos esforzamos por cultivar, nos ayudan a justificarnos; pero si se desvían de nuestros ideales y de nuestra verdadera esencia, se convierten en causa de condena.

El Poder Transformador de Nuestras Palabras

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