El dilema ético en una sociedad desconfiada

El autor sostiene que en la sociedad moderna la desconfianza dominante destruye el fundamento de la honestidad en las relaciones interpersonales. Según él, cuando crece la sospecha y las personas empiezan a verse no como iguales o amigos, sino como posibles engañadores, los honestos se encuentran en una situación incómoda. En ese ambiente, incluso aquellos con conciencia se ven obligados a hacer concesiones –ante la presión de las circunstancias y las exigencias rígidas del sistema, por ejemplo, en una situación en la que no se distingue entre la verdadera verdad y la mentira, los honestos se ven forzados a recurrir al engaño para no quedarse rezagados con respecto a las normas aceptadas.

Así, en uno de los ejemplos, el autor describe una situación con inspectores de impuestos, en la que una persona que declara sus ingresos se ve obligada, a causa de sobrevaloraciones, a “convertirse en ladrón”:
"Una persona llega a la oficina de impuestos y dice: «Tengo un ingreso de un millón», y el inspector de impuestos anota que su ingreso es de tres millones. Algunos declaran solo la tercera parte de sus ingresos, y entonces los inspectores consideran a los demás como engañadores, poniendo a todos en la misma categoría. Pero si se atiende a una persona que tiene conciencia, al gravarla con un impuesto tres veces mayor, se la obliga a convertirse en ladrón. Es decir, en lugar de influir de alguna manera en la mejora de la situación general, se produce justamente lo contrario" (fuente: enlace txt).

De este modo, la desconfianza sistemática, que se percibe como norma, borra las fronteras entre la honestidad y el engaño. Si en la sociedad no se valora la sinceridad y si incluso las palabras verdaderas de la verdad pasan desapercibidas debido al clima general de desconfianza, las personas con conciencia se ven forzadas a adaptarse a ese orden, lo que conduce a una disminución global en el número de personas honestas.

Supporting citation(s):
"Una persona llega a la oficina de impuestos y dice: «Tengo un ingreso de un millón», y el inspector de impuestos anota que su ingreso es de tres millones. Algunos declaran solo la tercera parte de sus ingresos, y entonces los inspectores consideran a los demás como engañadores, poniendo a todos en la misma categoría. Pero si se atiende a una persona que tiene conciencia, al gravarla con un impuesto tres veces mayor, se la obliga a convertirse en ladrón. Es decir, en lugar de influir de alguna manera en la mejora de la situación general, se produce justamente lo contrario" (fuente: enlace txt).

"El hecho es que hoy en día se desarrolla a gran velocidad el sentimiento de desconfianza entre las personas. Esto es una verdadera llaga, una herida incurable. Es literalmente el azote de nuestras vidas. Vivir al lado de alguien como yo, sin tener una confianza amistosa hacia esa persona, viéndola como un enemigo que parece querer hacerme únicamente daño, perjuicio— es una situación sumamente inhumana. Mucho menos bíblica. E incluso en el ámbito espiritual, entre los servidores de la Iglesia, se vive una situación similar, si no con aún mayor carencia de confianza mutua." (fuente: enlace txt).

El dilema ético en una sociedad desconfiada

413412411410409408407406405404403402401400399398397396395394393392391390389388387386385384383382381380379378377376375374373372371370369368367366365364363362361360359358357356355354353352351350349348347346345344343342341340339338337336335334333332331330329328327326325324323322321320319318317316315314