Entre Libertad Humana y Voluntad Divina

En la cosmovisión cristiana, a pesar de la afirmada voluntad divina, la presencia de la muerte y del mal se explica por las características del orden del mundo y la libertad humana. Por un lado, el alma humana posee un principio semejante al de Dios que le permite actuar según sus propias leyes e incluso resistirse a la voluntad superior. Así, la caída del hombre y el alejamiento de los valores verdaderos generan esos estados que percibimos como mal y muerte, no como creación directa de Dios, sino como resultado del rechazo a la vida y al Amor. Al respecto se dice en una de las fuentes:

"El Señor no creó la muerte, de ninguna manera; es imposible que la Vida engendre la muerte, que el Amor produzca el mal. La muerte es precisamente el rechazo a la vida, en acciones contrarias al Amor, pues Dios es Amor..." (fuente: enlace txt).

Por otro lado, el mal y la muerte, por sí mismos, son parte inseparable, aunque trágica, de un mundo sometido a las leyes inmutables de la naturaleza. Sin embargo, en la comprensión cristiana, la muerte sirve como un momento transformador a través del cual la vida humana puede adquirir una nueva dimensión eterna, si la persona sigue el camino mostrado por Cristo, quien venció a la muerte. Esto se refleja en las reflexiones que afirman que el mal, equivalente a la muerte, debe ser superado mediante la transformación interna y la conexión con Cristo:

"El problema del mal se reduce a la antinomia final. El mal es la muerte, y la muerte es consecuencia del mal. Vencer el mal de raíz significa arrancar el aguijón de la muerte. Cristo venció a la muerte..." (fuente: enlace txt).

En cuanto al destinatario de las oraciones de los creyentes, estas se dirigen directamente a Dios – la Fuente y el Supremo Autor de todo ser, quien gobierna tanto las inmutables leyes de la naturaleza como el destino de cada persona a través de Su Providencia. Los creyentes están convencidos de que en cada momento de la vida, por más trágico que parezca, reside una parte del gran plan divino destinado a la justificación y salvación final del alma. Así, sus oraciones se dirigen a Dios, cuya voluntad determina el curso de la historia y cuya gracia puede transformar incluso el sufrimiento y la muerte en un camino hacia la vida eterna.

Entre Libertad Humana y Voluntad Divina

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