Dualidades en la Percepción de lo Divino
La diferencia radica en que, para el creyente, la búsqueda de su propia esencia a través de Dios significa dirigirse a una fuente externa y trascendental de gracia, que simboliza la transformación personal y la profunda unión ontológica con lo divino. El creyente experimenta su propia imperfección, reconoce la necesidad interna de redención y perdón, y gracias a esta invocación de una fuerza externa, encuentra la plenitud de vida que le falta al existir de manera autónoma en sí mismo. Así, la unión con Dios implica que el verdadero “yo” del ser humano alcanza su satisfacción y sanación en la completa misericordia y amor divinos.Por el contrario, el ateo que encuentra “a Dios” en su interior considera lo divino no como una fuerza externa que otorga gracia, sino como un atributo inherente a su propia naturaleza. Aquí, la idea de Dios es una proyección de la esencia humana, un reflejo de la imagen y semejanza que caracteriza al ser humano. Es decir, en la cosmovisión atea, la divinidad se interpreta como algo que reside en el “yo” interno, cuya estructura abarca la mente, la libertad, la conciencia de valores y la perfección moral, de forma similar a como lo expresaron aquellos pensadores que afirmaban: “
¿Fue Dios quien creó al hombre a su imagen y semejanza, o fue el hombre quien creó a Dios a su imagen y semejanza?” (fuente: enlace txt).De esta manera, la esencia de la diferencia es que el creyente, en su búsqueda de sí mismo en Dios, confía en su transformación por medio de una fuerza externa de gracia y concibe su vida como completada en lo Divino, mientras que el ateo que encuentra “a Dios” en sí mismo sostiene que el hombre posee cualidades inherentes, semejantes a las divinas, y que esta esencia interna es la fuente de su “divinidad”.Citas de apoyo:“En Dios, el hombre se encuentra infinitamente más cerca de sí mismo que en todos los intentos por permanecer únicamente en sí mismo. Sin Dios, su vida no era más que un reflejo pálido de la realidad de su propio ser, ahora, en la vibrante efervescencia de la bondad divina, su vida se llena de una profundidad ontológica ilimitada, que no deja espacio para la vacuidad sin sentido…” (fuente: enlace txt)“
¿Fue Dios quien creó al hombre a su imagen y semejanza, o fue el hombre quien creó a Dios a su imagen y semejanza?En cualquier caso, el hombre posee una tendencia inquebrantable a relacionarse con lo Absoluto, con el ideal, con la última verdad, con la esencia del ser…” (fuente: enlace txt)