La unión indivisible del amor divino y fraternal
Basándose en las citas presentadas, la idea de que el amor a Dios es capaz de reemplazar el amor al prójimo resulta más bien un malentendido, ya que el amor verdadero y puro a Dios está inseparablemente vinculado al amor hacia el hombre. En una de las fuentes se dice:"Con el amor al prójimo entramos en el amor a Dios. El amor a Dios en el cristiano es el amor a Cristo, y el amor al prójimo es el amor a Cristo en el prójimo: habiendo amado al prójimo, amándolo en el Señor, es decir, según los mandamientos del Señor, adquirimos amor a Cristo, y el amor a Cristo es el amor a Dios." (fuente: enlace txt, página: Стр. 78).Esta reflexión subraya que el cumplimiento del mandamiento de amar al prójimo no solo no compite con el amor a Dios, sino que es su fundamento. Otra fuente también señala que:"Por lo tanto, se debe sacrificar el amor propio en nombre del amor a Dios y al prójimo. El amor al prójimo, en este sentido, ocupa una posición intermedia. Predomina sobre el amor de una persona hacia sí misma, pero a su vez se somete al amor supremo: el amor del hombre a Dios." (fuente: enlace txt).Aquí se destaca que el amor a Dios ocupa la posición primordial, y que el amor al prójimo nace de él y, al ser una manifestación del amor espiritual supremo, no puede considerarse como una alternativa independiente ni reemplazable. El amor a Dios, cuando es genuino, se extiende naturalmente hacia los demás, pues la persona que ama a Dios ve en cada prójimo un reflejo de Él.Así, la idea de que el amor a Dios podría reemplazar el amor al prójimo es, en esencia, incorrecta, porque es justamente en el contexto del amor a Dios que la persona adquiere la capacidad y el poder de amar plenamente al prójimo. El amor a Dios y el amor al prójimo son dos caras de la misma moneda, y una no puede existir plenamente sin la otra.