Lucha contra el ego: obediencia y vigilancia espiritual

La respuesta se puede formular de la siguiente manera. Si se considera el ego como la manifestación del diablo, entonces liberarse de su influencia se logra, ante todo, mediante una estricta sumisión a la voluntad de Dios y un constante autocontrol sobre las acciones y pensamientos. En uno de los consejos se subraya que cualquier impulso benéfico puede ser oscurecido por un pensamiento impuro, fruto del diablo:

"Cada pensamiento busca erradicarlo, cada buena intención intenta apagarlo o impedir su realización, cada buena obra se busca corromper o convertir en maldad. … Si permites que el diablo invada de esta manera tu alma, ¡entonces eres tu propio 'Herodes'! …

¿Cómo evitarlo?
… Y en el Evangelio de hoy encontramos la indicación. … ¡Ahí está la salvación de las artimañas diabólicas! — En la obediencia incondicional a Dios y en el cumplimiento de Sus mandamientos y preceptos." (fuente: enlace txt, página: 1978)

Otro texto ofrece un consejo práctico de cómo evitar que el diablo (y, en consecuencia, el ego, considerado como manifestación del principio diabólico) se apodere del alma. Aquí se resalta la importancia de rechazar activamente los pensamientos que complacen a Satanás y de expulsarlos, pues es precisamente a través de la resistencia a ceder ante la tentación que el individuo preserva su integridad y pureza:

"No permitas pensamientos que agraden a Satanás, no te compadezcas de ellos, no te dejes llevar por sus insinuaciones ni accedas a ellos — Satanás merodea continuamente, pero se alejará: … Y si llega a apoderarse de alguien, es porque esa persona se entrega voluntariamente en esclavitud. … No permitas pensamientos perversos y cerrarás para siempre la puerta de tu alma a Satanás." (fuente: enlace txt, página: 107)

Así, si se percibe el ego como la manifestación del diablo, la liberación de su influencia requiere dos directrices esenciales: la obediencia absoluta e incondicional a Dios mediante el cumplimiento de Sus mandamientos y el constante control vigilante de los propios pensamientos, donde cada manifestación de un ánimo egoísta o malintencionado debe ser conscientemente rechazada. Esto ayuda no solo a prevenir la infiltración de influencias diabólicas en el alma, sino también a mantener la pureza espiritual, a pesar de la constante amenaza y de las astutas tretas del enemigo.

Lucha contra el ego: obediencia y vigilancia espiritual

¿Cómo evitarlo?

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