La Herida Interior: El Pecado en la Perspectiva Religiosa

En el contexto religioso, el pecado se entiende no tanto como una simple violación de las prescripciones externas establecidas, sino como una profunda desviación interna de la perfección otorgada al ser humano por Dios. El pecado se considera, ante todo, una autolesión, cuando la persona, actuando según su propio criterio, causa daño a su alma y a su ser interior. Así, como se dice en una de las fuentes, “con el pecado, el hombre se transgrede a sí mismo, es una llaga, una herida auto-infligida, ya que Dios reside en nuestro interior. Hay pecados que evidentemente causan daño a la persona…” (fuente: enlace txt).

Desde este punto de vista, el pecado no se limita a la manifestación externa de la desobediencia a la voluntad de Dios, sino que es un defecto interno, engendrado por la elección libre del ser humano entre el bien y el mal. Es precisamente la libertad de elección, que se le concede al hombre, la que le obliga a asumir la responsabilidad por sus pensamientos, palabras y acciones. Esta convicción se refleja en la formulación: “solo un ser dotado de libertad puede pecar, en el sentido de que también es capaz de abstenerse del pecado; [...] entre el bien y el mal” (fuente: enlace txt).

Desde la perspectiva de la tradición ortodoxa, el pecado se percibe incluso como el mayor mal, causando daño no tanto al mundo exterior, sino al estado interior del individuo. Así, en una de las fuentes se señala: “Para la conciencia ortodoxa, el pecado en sí mismo, aparte de todas sus consecuencias mortales, constituye el mayor mal. Es precisamente el pecado lo que es ‘el mal en sí’” (fuente: enlace txt).

Además, la ética religiosa subraya que el pecado es un acto, una acción o incluso un pensamiento que contradice la Ley Divina y los postulados morales instalados en la conciencia del hombre. Como se dice: “El pecado es una acción deshonesta, impropia e indigna, que está en contradicción con los requerimientos de la Ley Divina y resulta perjudicial en cuanto al bien personal y la perfección” (fuente: enlace txt).

Así, el concepto de pecado en el contexto religioso abarca varios aspectos:
1. La desviación interna del individuo, cuando su acción, palabra o pensamiento contradicen la voluntad de Dios, causando daño a sí mismo.
2. La libertad de elección que hace al ser humano responsable de cada acción y pensamiento, pues es a través de la libertad de la voluntad que se elige entre el bien y el mal.
3. La transgresión moral, definida no solo por las leyes externas, sino también por la exigencia de una transformación interna de la persona en busca de la perfección.

Citas de apoyo:
“En todas las demás religiones se entiende por pecado la violación de la voluntad externa de Dios, es decir, algo externo al ser humano. Pero el pecado no es una transgresión externa de la voluntad divina; con el pecado, el hombre se transgrede a sí mismo, es una llaga, una herida auto-infligida, ya que Dios está dentro de nosotros. Hay pecados que evidentemente causan daño al hombre (la embriaguez, la drogadicción, etc.), es decir, pecados que sentimos. Y hay pecados más sutiles que nuestra débil visión espiritual no percibe. El pecado más terrible es aquel que se comete libremente, sin la coacción de la pasión. Es ahí donde se origina lo que desencadena una reacción en cadena. Todos los pecados mortales nunca se cometen de inmediato; son precedidos por un gran trabajo interior, y todo comienza con los pensamientos.” (fuente: enlace txt)

“Para la conciencia ortodoxa, el pecado en sí mismo, aparte de todas sus devastadoras consecuencias, constituye el mayor mal. Es el pecado lo que es ‘el mal en sí’. El sufrimiento e incluso la muerte física son ‘un mal solamente aparente, que posee el poder del bien’ (San Basilio el Grande). Es terrible la muerte interna, la que se oculta dentro, en el corazón. En la concepción de la salvación, el cristiano ortodoxo sitúa en primer lugar la liberación del pecado en sí, considerando la liberación de las penas y sufrimientos como una consecuencia secundaria. Un verdadero cristiano preferiría sufrir y ser santo y justo, que gozar de la bendición eterna y permanecer en el pecado.” (fuente: enlace txt)

“El pecado es una acción deshonesta, impropia e indigna, que entra en conflicto con los requerimientos de la Ley Divina y resulta perjudicial para el bien personal y la perfección. Desde un punto de vista natural, la norma de las acciones es que se ajusten a los postulados de la razón y a las exigencias de la naturaleza. Sin embargo, el pecado es una transgresión de la voluntad de Dios, de sus mandamientos y de esa ley moral que está escrita en la conciencia del hombre. Esta transgresión se denomina pecado.” (fuente: enlace txt)

“El convencimiento original, basado en la experiencia interna directa, vincula el pecado con la libertad de la voluntad. Solo un ser dotado de libertad es capaz de pecar –en el sentido de que también es capaz de abstenerse del pecado–; esta relación es parte misma del concepto de pecado. Pero,

¿qué significa aquí ‘libertad’?
¿En qué sentido debemos entender esta idea? La interpretación más extendida, tanto en la teología eclesiástica tradicional como en la literatura filosófica, entiende la libertad de la voluntad como la libertad de elección. El ser humano posee la capacidad de definir sus acciones, su camino de vida “libremente”, es decir, de acuerdo a su propio criterio, eligiendo entre diversas posibilidades, y con ello, entre el bien y el mal.” (fuente: enlace txt)

Estos planteamientos reflejan la riqueza y la complejidad de la comprensión del pecado en el contexto religioso, en el que este se presenta no solo como una transgresión de la ley externa, sino como una desviación profundamente personal e interna que destruye el orden divino inherente al ser humano.

La Herida Interior: El Pecado en la Perspectiva Religiosa

¿qué significa aquí ‘libertad’?

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