El Orden Ineludible del Fracaso Recurrente
Los fracasos recurrentes se perciben como sistemáticos y predestinados en la experiencia humana, precisamente porque penetran en la esencia misma de nuestra percepción del mundo y reflejan la limitada estructura interna de la existencia humana. Por un lado, en una serie de textos se enfatiza que los intentos de transmitir algo que excede las posibilidades de la expresión verbal e imagética inevitablemente resultan infructuosos. Así se dice:"Aquí se debe hacer una aclaración. La Revelación cristiana supera tanto a las palabras como a las imágenes, puesto que ni su expresión verbal ni la imagética por sí solas pueden expresar a Dios, transmitir una noción adecuada sobre Él o hacer palpable su inmediatez. En ese sentido, siempre resultan insuficientes, ya que están destinadas a comunicar lo inalcanzable mediante lo comprensible, lo inrepresentable mediante lo representable, a transmitir algo distinto, de naturaleza ajena. Pero su valor reside precisamente en que tanto la teología como el ícono alcanzan los límites supremos de las capacidades humanas y terminan siendo insuficientes. Pues Dios se revela también mediante la Cruz, es decir, a través del fracaso último. Es precisamente mediante este mismo fracaso, esta incapacidad, que tanto la teología como el ícono están destinados a dar testimonio y a hacer tangible la presencia de lo Divino, perceptible en la experiencia de la santidad." (source: enlace txt)En este mismo contexto, los fracasos recurrentes se interpretan como parte del conocimiento sistemático de la realidad, ya que recuerdan los límites extremos de nuestras posibilidades. En la conciencia humana se fortalece de forma intuitiva la sensación de que cada nueva decepción encaja en un ciclo del ser, en el que causas y consecuencias se enlazan de manera inevitable. Esto se subraya en reflexiones como la siguiente:"Preguntándome qué idea me revelaba el caso descrito, y al iluminar con mi conciencia los estratos más profundos de mi memoria, descubrí que esa idea era la inevitabilidad. Me quedó claro en ese momento que existe aquello inevitable, que está por encima de mí, por encima de todos, incluso de los adultos, incluso de los padres; que no solo es necesario externamente, sino también internamente, aunque no se ajuste a nuestros deseos ni gustos. La sumisión a lo supremo –no diré a la voluntad, sino a la inevitabilidad, a la razón impersonal, incansable y distante del mundo–, se me reveló como un deber ante este providencial panteísmo." (source: enlace txt)Aquí, la repetición de los fracasos se consolida como una manifestación de un orden superior que trasciende los esfuerzos y deseos personales. La experiencia humana, al enfrentarse a la ciclicidad de las adversidades, comienza a interpretarlas como algo dado, como un guion preestablecido en el que cada acontecimiento es la continuación lógica del anterior. Este enfoque permite ver el sufrimiento y los fracasos no como casos excepcionales de negación, sino como una parte natural y necesaria de la existencia, reflejo de las leyes fundamentales del ser.Así, los fracasos recurrentes se perciben como sistemáticos y predestinados, ya que sirven para recordar las profundas limitaciones internas del ser humano, evidencian las insuperables contradicciones entre el anhelo y la realidad y, en última instancia, constituyen parte inseparable del orden inevitable del mundo.