El desafío de la cercanía: la herida del trauma familiar

El trauma psicológico, que surge en el contexto familiar, puede llevar a intensas emociones de rechazo y ansiedad, dificultando el establecimiento de relaciones seguras y de confianza incluso en situaciones aparentemente cotidianas, como compartir tiempo con los padres, por ejemplo, durante las comidas. Se ha constatado que los niños que han sufrido traumas psicológicos tempranos a menudo interpretan cualquier crítica o incluso comentarios neutrales como una confirmación de su rechazo. Esta percepción negativa forma un estado interno de espera constante de humillación o condena, lo que puede provocar tanto incomodidad emocional como física en presencia de sus padres.

Como se señala en una de las fuentes, la situación se describe con la siguiente metáfora:
"Parece que las condiciones son sumamente cómodas, pero en realidad son una severa y permanente herida psicológica. Mientras que este barco sin timón ni vela sólo navega por el puerto familiar... Si las reprimendas no ayudan, generalmente solo hay una manera: el rechazo. Y el niño está acostumbrado, por el contrario, a ser el centro de atención, por lo que su sentimiento de marginación se experimenta de manera especialmente aguda. Los fracasos engendran resentimientos y un nuevo ciclo de agresión... (Con los traumas psicológicos tempranos sucede así, ya que los padres aún no han tenido tiempo de conocer realmente a su hijo, y su verdadero carácter ya se ha distorsionado por la influencia del trauma)." (source: enlace txt)

De esta afirmación se desprende que el trauma forma en el niño un sentido permanente de aislamiento e inferioridad, lo que dificulta la posibilidad de estar tranquilamente junto a los padres incluso en situaciones cotidianas, como durante las comidas. Este estado, que implica una tensión emocional constante, puede hacer que el tiempo compartido se perciba no como un apoyo, sino como una fuente adicional de malestar psicológico.

También es importante señalar que incluso comentarios aparentemente inofensivos pueden tener un efecto devastador:
"Y los niños, que ya lo tienen difícil, pueden interpretar de manera extremadamente dolorosa incluso comentarios que a primera vista parecen inofensivos, como: 'Te lo advertí, no te metas con ellos' o 'Mejor cállate en lugar de hablar'. Los niños consideran estas expresiones como prueba del rechazo de los padres, de la falta de deseo de ayudar. En estos casos, situaciones relacionadas con una sobreprotección excesiva, es demasiado tarde o inútil enseñarles algo. Los niños necesitan un apoyo real... Solo teniendo una buena relación de confianza con el niño, el padre podrá tener al menos una pequeña influencia sobre él. Así, no con consejos, sino con una participación empática, los padres pueden evitar que su hijo tome una decisión equivocada." (source: enlace txt)

Esto confirma que el sentimiento constante de desconfianza y la expectativa de ser juzgado pueden hacer que incluso un acto tan básico como poder estar tranquilamente en compañía de los padres durante una comida sea sumamente difícil. La imposibilidad de sentir apoyo hace que las barreras emocionales se vuelvan tan sólidas que cualquier cercanía provoque ansiedad y tensión emocional.

De esta manera, el trauma psicológico, especialmente el sufrido en la primera infancia a partir de rechazos tanto verbales como no verbales por parte de los padres, influye directamente en el estado emocional de la persona. Este estado negativo, que impregna todas las esferas de la vida, impide percibir la presencia de los padres como una fuente de consuelo, lo que puede reflejarse incluso en procesos básicos, como compartir una comida en su compañía.

El desafío de la cercanía: la herida del trauma familiar

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