El mandato inmutable de las Sagradas Escrituras

Los dioses (es decir, aquellos que transmiten la palabra divina) se adhieren exclusivamente a la enseñanza fijada en las sagradas escrituras, porque desde el inicio del mundo se estableció una estricta ley de inmutabilidad para la predicación. Según esta ley, cada palabra debe ser cuidadosamente seleccionada para no distorsionar el claro y divino mensaje que fue entregado a través de los profetas y apóstoles.

Como se dice en una de las fuentes, «Predicamos la enseñanza del Señor y Dios y nuestro Salvador Jesucristo, de sus santos Apóstoles y de la Santa Iglesia, guiada por el Espíritu de Dios, — y nos esforzamos en todo por conservarla intacta en sus mentes y corazones, — conduciendo con cautela cada pensamiento y usando cada palabra, para que de ningún modo se arroje sombra sobre este claro y divino mensaje. No se puede actuar de otra manera. Tal ley para la predicación en la Iglesia, en representación de Dios, fue establecida desde el inicio del mundo y debe mantenerse vigente hasta su fin. El santo profeta Moisés, al exponer al pueblo de Israel los mandatos de parte de Dios, concluye: «no añadan a las palabras que yo les ordeno, ni resten de ellas: guarden los mandamientos de nuestro Señor Dios, tal como yo se los ordeno» (Deut. 4:2). Esta ley de inmutabilidad es tan innegociable que el mismo Señor y nuestro Salvador, enseñando al pueblo en la montaña, dijo: «No penséis que he venido a destruir la Ley o los Profetas; no he venido a destruir, sino a cumplir...» (Mat. 5:17–18)» (fuente: enlace txt).

Otro argumento importante es que las sagradas escrituras se perciben no simplemente como un texto que se puede leer y citar, sino como la palabra viva de Dios, enviada al hombre para su eterno adiestramiento y para asegurar la vida eterna. Como se señala: «Las Sagradas Escrituras son la carta de Dios al hombre. Este es el libro de la Vida eterna. No basta con simplemente leerlo y, una vez asimilado, citarlo. Las Sagradas Escrituras deben ser encarnadas...» (fuente: enlace txt).

De esta manera, el acceso a la revelación divina está estrictamente regulado: es inmutable y debe transmitirse exactamente en la forma en que fue dada, para preservar la integridad y pureza de la enseñanza. Apartarse de la escritura fijada o añadir interpretaciones personales puede distorsionar la esencia del Mensaje Divino, lo que contradice la ley establecida de inmutabilidad en la predicación.

El mandato inmutable de las Sagradas Escrituras

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