El Cabello y la Identidad Divina

La justificación religiosa para los cristianos respecto al trasplante o uso de cabello ajeno se basa en la idea de que aplicar a la cabeza natural el cabello de otro constituye una violación del orden divinamente establecido y de la identidad simbólica, especialmente en el contexto de las relaciones familiares. En particular, varios autores citados enfatizan que adornar la cabeza con el cabello de otro (o trasplantar artificialmente cabello ajeno) es un acto impío, ya que implica cuestiones de dirección espiritual y simbolismo, donde la cabeza del marido es Cristo, y para la esposa, su cabeza es el marido.

Por ejemplo, una de las fuentes explica:
"Sin embargo, la aplicación del cabello ajeno a la cabeza debe ser completamente evitada; adornar la propia cabeza con el cabello de otro, ponerle trenzas muertas, es verdaderamente impío; pues ¿a quién entonces impondrá el presbítero su mano;

¿a quién bendecirá?
No a una esposa adornada, sino al cabello ajeno y, por ello, a otra cabeza. Si para el marido la cabeza es Cristo y para la esposa la cabeza es el marido (1 Cor. 11, 3), ¿no es acaso doble pecado?" (source: enlace txt)

De manera similar, se indica que dicha práctica contradice no solo las normas estéticas, sino también la disciplina espiritual: se considera que la cabeza, santificada por el bautismo, es un lugar al que no deben llegar "restos" ajenos, capaces de introducir un elemento de desenfreno o influencia extraña. En uno de los textos se advierte:
"No pongan sobre la cabeza, santificada por el bautismo, los restos mortales de algún desgraciado, muerto de desenfreno, o de cualquier malhechor, condenado a morir en la horca. ¡Qué extrañeza querer transgredir continuamente el mandamiento de Dios! ..." (source: enlace txt)

Así, para la cosmovisión cristiana es esencial el énfasis en cumplir las prescripciones expuestas en las enseñanzas apostólicas. Se percibe la alteración del aspecto "natural", expresado a través del cabello verdadero, como un alejamiento del orden divino bajo el cual el ser humano debe mantener su identidad "auténtica", establecida en el plan divino, en lugar de intentar complementarla o modificarla mediante el uso de cabello ajeno. Esta justificación encaja en un contexto más amplio de enseñanzas sobre la modestia, la pureza espiritual y el respeto a las tradiciones en lo que respecta a la apariencia externa.

Citas de apoyo:
"Sin embargo, la aplicación del cabello ajeno a la cabeza debe ser completamente evitada; adornar la propia cabeza con el cabello de otro, ponerle trenzas muertas, es verdaderamente impío; pues ¿a quién entonces impondrá el presbítero su mano;
¿a quién bendecirá?
No a una esposa adornada, sino al cabello ajeno y, por ello, a otra cabeza. Si para el marido la cabeza es Cristo y para la esposa la cabeza es el marido (1 Cor. 11, 3), ¿no es acaso doble pecado?" (source: enlace txt)

"No pongan sobre la cabeza, santificada por el bautismo, los restos mortales de algún desgraciado, muerto de desenfreno, o de cualquier malhechor, condenado a morir en la horca. ¡Qué extrañeza querer transgredir continuamente el mandamiento de Dios! ..." (source: enlace txt)

El Cabello y la Identidad Divina

¿a quién bendecirá?

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