La deidad elegida: reflejo de identidad y moral
La elección de una deidad específica refleja la percepción personal de lo divino, la cual está profundamente ligada a la cosmovisión y a los valores morales del individuo. En otras palabras, cuando una persona elige una deidad determinada para adorarla, en realidad define su forma de comprender la conexión con una fuerza superior y su lugar en el mundo. Esta conexión se manifiesta a través de la sensación de dependencia incondicional hacia la deidad, su capacidad para influir en la vida y el destino del hombre, así como mediante el afán de cumplir con sus exigencias.Así, como se enfatiza en una de las fuentes ( enlace txt), "La deidad, según la percepción del ser humano, puede ser todo lo que sea necesario o perjudicial para el hombre y para la naturaleza. Como ser siempre viviente, la deidad suele expresar su vida y su poder en las relaciones que establece con el hombre. Por ello, en la relación del hombre con la deidad se manifiesta, ante todo, un sentimiento o incluso una conciencia de total dependencia hacia ella. Toda la vida del hombre, todo su destino —con sus penas y alegrías— le parece condicionado por la benevolencia o el enojo de dicha deidad. De ahí surge en el hombre la necesidad de mantener una comunicación cercana e, incluso, de lograr la unión más íntima posible con la deidad, para conocer sus requerimientos y poder ganarse su benevolencia." Esta percepción implica que la elección de una deidad específica no es casual, sino que refleja la necesidad interna del individuo de sentir cuidado y de poder establecer una relación estrecha con quien se considera responsable de su experiencia vital.Además, como se señala en el mismo texto ( enlace txt), "Este anhelo de comunicarse con la deidad impulsa al hombre a conocer a su Dios, sus atributos y deseos, y aquello mediante lo que le es posible agradarle. Esto, a su vez, lleva a que la persona trate de adecuar su comportamiento e incluso toda su vida de acuerdo a lo que, según su percepción, resulta deseable para esa deidad. De ahí que en toda religión se encuentren presentes requisitos morales. Y la moralidad del hombre está en directa relación con su concepción de su deidad: como es su Dios, así es su moralidad, e igual es también toda su autodefinición de vida." Esto evidencia que la elección de una deidad está íntimamente entrelazada con los criterios éticos personales, ya que la imagen del dios se convierte en un referente para la formación de normas morales y para guiar el comportamiento.Así, la deidad específica elegida por el individuo sirve de reflejo directo de sus convicciones religiosas; encarna las ideas sobre una fuerza omnisciente, vital y gobernante a la que la persona aspira someterse, buscar apoyo y, en cierto modo, establecer un contacto personal. Esta elección influye en el sistema de valores y en la autodefinición moral, demostrando que la cosmovisión religiosa es parte inseparable de la identidad del ser humano.Supporting citation(s):«La deidad, según la percepción del ser humano, puede ser todo lo que sea necesario o perjudicial para el hombre y para la naturaleza. Como ser siempre viviente, la deidad suele expresar su vida y su poder en las relaciones que establece con el hombre. Por ello, en la relación del hombre con la deidad se manifiesta, ante todo, un sentimiento o incluso una conciencia de total dependencia hacia ella. Toda la vida del hombre, todo su destino —con sus penas y alegrías— le parece condicionado por la benevolencia o el enojo de dicha deidad. De ahí surge en el hombre la necesidad de mantener una comunicación cercana e, incluso, de lograr la unión más íntima posible con la deidad, para conocer sus requerimientos y poder ganarse su benevolencia.» (fuente: enlace txt)«Este anhelo de comunicarse con la deidad impulsa al hombre a conocer a su Dios, sus atributos y deseos, y aquello mediante lo que le es posible agradarle. Esto, a su vez, lleva a que la persona trate de adecuar su comportamiento e incluso toda su vida de acuerdo a lo que, según su percepción, resulta deseable para esa deidad. De ahí que en toda religión se encuentren presentes requisitos morales. Y la moralidad del hombre está en directa relación con su concepción de su deidad: como es su Dios, así es su moralidad, e igual es también toda su autodefinición de vida.» (fuente: enlace txt)