Renovación Espiritual: Disciplina y Esperanza en el Gran Ayuno
El Gran Ayuno posee para los creyentes tanto un profundo significado espiritual como una clara relevancia práctica. Por un lado, el ayuno es una hazaña personal y colectiva destinada no tanto a la búsqueda del perfeccionamiento personal o al simple cumplimiento de obligaciones rituales, sino a la participación en el "hoy" de la Resurrección de Cristo, permitiendo experimentar y recrear la vida del Salvador. Como se señala:«Incluso si el Gran Ayuno no se considera únicamente como un tiempo para cumplir con las obligaciones anuales de confesión y comunión —¡una vez al año!—, casi siempre se percibe como un desafío personal e interior. Dicho de otro modo, lo que verdaderamente falta en la experiencia ordinaria del Gran Ayuno es precisamente el esfuerzo físico y espiritual orientado a nuestra participación en el "hoy" de la Resurrección de Cristo...», (fuente: enlace txt).El aspecto práctico del ayuno se manifiesta en el cambio del estilo de vida de los creyentes durante este periodo. Es un tiempo en el que se requiere moderación en los excesos, atención cuidadosa a las debilidades tanto corporales como espirituales, una oración intensificada y una activa participación en los servicios eclesiásticos. Por ejemplo, el viernes de la sexta semana de ayuno culmina el santo periodo de la Cuaresma, durante el cual, mediante la abstinencia en la comida, la oración y la posterior confesión, los creyentes corrigen activamente sus vidas:«El viernes, en la sexta semana, culmina la sagrada Cuaresma, como un tiempo destinado a la hazaña penitencial. En domingo se conmemora la entrada triunfal del Señor en Jerusalén, y comienza la Semana de la Pasión —el recuerdo de los últimos días de vida terrenal del Salvador. Durante el Gran Ayuno, todo contribuye a la corrección del ser humano: la abstinencia en la alimentación y en los divertimientos, junto con una oración constante tanto en el hogar como durante el servicio eclesiástico...», (fuente: enlace txt).Además, la relevancia práctica del Gran Ayuno se expresa en que este periodo se convierte en un momento de especial atención a la propia alma y a la relación con Dios. Según otra fuente, el ayuno pone a prueba nuestras capacidades y la fortaleza de nuestro espíritu:«Recuerda que en los días del Gran Ayuno se revelan nuestras debilidades en el esfuerzo de la oración o, en su defecto, nuestra fortaleza en ella. La Liturgia (Obednia), o mejor dicho, la liturgia, nos comunica del Señor sus dones, mientras que las Vísperas y las Mañanas, especialmente durante el Gran Ayuno, exigen de nosotros un esfuerzo personal. Así, resulta que en la Liturgia recibimos dones de Dios, y en los demás servicios, dones que ofrecemos a Dios.» (fuente: enlace txt, página: 173).La vida práctica durante el periodo del ayuno también implica dedicar conscientemente tiempo adicional a Dios, lo cual se expresa en la idea de consagrar al menos una décima parte de las horas de la mañana a la oración, al servicio de los demás y a la ayuda de quienes lo necesitan:«
¿No podemos acaso ofrecerle a Dios al menos una décima parte de las horas de la mañana —digamos, doce horas cada semana del Gran Ayuno?Con mayor fervor que durante el resto del año, debemos reservar tiempo para Dios: para la oración, para nuestros semejantes, sirviendo y practicando la diaconía —visitando a los enfermos, a quienes están confinados en casa y a los solitarios.» (fuente: enlace txt).En resumen, el Gran Ayuno es un tiempo en el que los creyentes no solo se apartan del mundo mundano, sino que preparan deliberadamente sus corazones para el encuentro con Cristo, purificándolos de apegos terrenales, fortaleciendo su fe y alcanzando una renovación espiritual. Es un periodo en el que cada día adquiere un nuevo significado, ofreciendo la oportunidad para un profundo diálogo interior, redención y un auténtico renacer espiritual.Citas de apoyo:«Incluso si el Gran Ayuno no se considera únicamente como un tiempo para cumplir con las obligaciones anuales de confesión y comunión —¡una vez al año!—, casi siempre se percibe como un desafío personal e interior...» (fuente: enlace txt)«El viernes, en la sexta semana, culmina la sagrada Cuaresma, como un tiempo destinado a la hazaña penitencial...» (fuente: enlace txt)«Recuerda que en los días del Gran Ayuno se revelan nuestras debilidades en el esfuerzo de la oración o, en su defecto, nuestra fortaleza en ella...» (fuente: enlace txt, página: 173)«¿No podemos acaso ofrecerle a Dios al menos una décima parte de las horas de la mañana...?» (fuente: enlace txt)