Orden Divino y Advertencia Contra la Idolatría

La Biblia interpreta el papel del Sol y la Luna como luminares instituidos por Dios, que cumplen principalmente una función práctica: separar el día de la noche, servir como señales de tiempos, fechas y estaciones, y ayudar a determinar periodos sagrados destinados al culto. Por ejemplo, en el relato de la Creación se dice:
"Y dijo Dios: sean luminares en la expansión del cielo, para dar luz a la tierra y para separar el día de la noche, y para señales, tiempos, días y años; y sean luminares en la expansión del cielo para alumbrar la tierra. Y fue así. E hizo Dios dos grandes luminares: el luminar mayor, para gobernar el día, y el luminar menor, para gobernar la noche, y las estrellas…"
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Así, los luminares solar y lunar en el relato bíblico no se presentan como objetos de adoración en sí mismos, sino como indicadores del orden de la creación que señalan la grandeza del Único Creador. Además, se utilizan como una especie de "chuleta" para que las personas sepan cuándo es el momento de alabar a Dios, en lugar de conferirles una divinidad autónoma:
"Esto no es un mito, sino una polémica contra el mito. En Egipto y Babilonia, Fenicia y Canaán, el Sol y la Luna son los más grandes dioses. Desde el punto de vista del autor bíblico, su estatus religioso es tan insignificante que ni siquiera se hace mención de sus nombres. Así — 'dos luminares'. Dos chuletas para que la gente sepa cuándo es hora de trabajar y cuándo alabar al Único Dios, creador de estas 'lámparas'."
(fuente: enlace txt).

En lo que respecta al ejército celestial, la Biblia advierte en múltiples ocasiones contra el culto a cualquier cosa creada y contra la elevación de fuerzas espirituales, especialmente cuando se trata del ejército angelical o del panteón celestial. Los profetas condenan la idolatría y advierten que recurrir al "ejército celestial" puede llevar al olvido del verdadero propósito del hombre: dirigirse al propio Dios. Por ejemplo, en uno de los pasajes del profeta del Antiguo Testamento se dice:
"Los cielos ocultan a Dios del hombre — y esta barrera debe ser derribada. ¡Oh, si deshicieras los cielos y descendieras!"
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También es evidente que la adoración de todo el ejército celestial se considera un desvío del auténtico culto al Único Dios, como se desprende de la crítica contundente a los judíos que abandonaron los mandamientos y adoraban a todo el ejército celestial:
"Otra antigua obra bíblica censura a los judíos por haber abandonado todos los preceptos del Señor y haberse entregado a la adoración de todo el ejército celestial..."
(fuente: enlace txt).

En resumen, en la cosmovisión bíblica el Sol y la Luna son presentados como creaciones de Dios, destinadas a establecer un orden en el tiempo y en la naturaleza, con un carácter tanto utilitario como simbólico, y no como objetos de un culto autodidacto. El ejército celestial, por su parte, se muestra ya sea como parte del orden cósmico o como señal de advertencia contra la idolatría, recordándonos que el verdadero culto debe dirigirse únicamente a Dios, y no a sus creaciones o al ejército angelical.

Finalmente, la enseñanza bíblica resalta que todos los luminares y fuerzas celestiales tienen su lugar en el plan del Creador. Son medios mediante los cuales el hombre puede reconocer los ciclos del tiempo y el orden cósmico; sin embargo, la verdadera conexión con lo Divino no reside en la adoración de estas creaciones, sino en dirigirse directamente a Dios, quien instauró todo este orden.

Orden Divino y Advertencia Contra la Idolatría

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