Sangre Divina: El Conflicto Ancestral entre Dioses y Hombres

El enfrentamiento entre los humanos y los dioses en la Primera Época tiene sus orígenes en la base misma de la estructura mítica del mundo, cuando los dioses, con sus acciones, establecieron la naturaleza contradictoria del ser humano. En "El Relato de Atrahasis" se describe el suceso en el que la diosa primordial Tiamat planeó destruir a sus hijos, lo que condujo a una rebelión: los dioses se levantaron contra ella, y tras su muerte fue ejecutado el único defensor de Tiamat, el dios Kingu. Fue precisamente la sangre de Kingu la que se incorporó a la arcilla, de la cual se crearon así los humanos:

"Resultó que en el cuerpo de arcilla del hombre fluye la sangre de un dios..." (fuente: enlace txt).

Esto explica por qué la naturaleza humana porta desde el comienzo el sello de un origen divino, lo que se convierte a la vez en fuente de desacuerdos y enfrentamientos: los humanos están dotados de parte de la fuerza divina, pero esa fuerza también es un recordatorio de antiguas disputas y de un equilibrio de fuerzas alterado, en el que un dios fue desterrado y destruido, y su sangre se transformó en una mezcla maldita en la existencia humana.

En cuanto a los Signos Polares, su papel consiste en reflejar la organización cósmica del universo, vinculando determinadas áreas del cielo con fuerzas divinas y atributos planetarios específicos. Así, por ejemplo, la distribución de los planetas y los signos permite comprender qué aspectos de la voluntad divina y del orden cósmico "residen" en determinados sectores celestes:

"Residencias planetarias: Aries y Escorpio – residencia de Marte; Tauro y Libra – de Venus; Géminis y Virgo – de Mercurio; Cáncer – de la Luna; Leo – del Sol; Sagitario y Piscis – de Júpiter; Capricornio y Acuario – de Saturno. Alturas: Aries – del Sol; Tauro – de la Luna; Cáncer – de Júpiter; Virgo – de Marte; Libra – de Saturno; Capricornio – de Mercurio; Piscis – de Venus." (fuente: enlace txt)

Este cuadro astronómico se ha convertido en una parte inseparable del pensamiento mitológico, en el que los signos celestiales encarnan tanto el orden cósmico como la especificidad de la influencia divina sobre el mundo. En este contexto, los Signos Polares actúan como marcadores de ese orden, señalando dónde y cómo las fuerzas divinas inciden en el destino de los humanos. De este modo, el enfrentamiento entre humanos y dioses se originó a partir de una tragedia mítica fundamental, en la que la propia creación del hombre está impregnada de sangre divina, y el sistema de signos en el cielo sirve como un recordatorio constante del conflicto eterno y del afán por restaurar el equilibrio de las fuerzas.

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"Resultó que en el cuerpo de arcilla del hombre fluye la sangre de un dios..." (fuente: enlace txt)

"Residencias planetarias: Aries y Escorpio – residencia de Marte; Tauro y Libra – de Venus; Géminis y Virgo – de Mercurio; Cáncer – de la Luna; Leo – del Sol; Sagitario y Piscis – de Júpiter; Capricornio y Acuario – de Saturno. Alturas: Aries – del Sol; Tauro – de la Luna; Cáncer – de Júpiter; Virgo – de Marte; Libra – de Saturno; Capricornio – de Mercurio; Piscis – de Venus." (fuente: enlace txt)

Sangre Divina: El Conflicto Ancestral entre Dioses y Hombres

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