La Concepción Inmaculada: Fuente de Salvación Divina
La enseñanza de la concepción inmaculada ocupa un lugar especial en la tradición cristiana, porque explica de qué manera pudo surgir un ser humano sin pecado, capaz de recibir en sí la encarnación divina. La idea consiste en que, para que el Salvador, Jesucristo, naciera sin la atracción del pecado original, era necesario que su Madre estuviera liberada de esa enfermedad común a la naturaleza humana desde el momento de su concepción. De este modo, a través de la concepción inmaculada, María se convierte en el recipiente en el que la gracia divina actúa de forma especialmente poderosa; la concepción se produce no «de padres humanos comunes», sino mediante una semilla especial, «divina».Como se señala en una de las fuentes, «el pecado original consiste en la enfermedad común de toda la naturaleza humana, que se vuelve mortal y sujeta al pecado. […] Pero, según la concepción de la Iglesia, que ya honra la santidad del Precursor desde su concepción, el Precursor permanece ajeno al pecado personal. Para ello, no es necesario recurrir al artificio de deus ex machina […]» (fuente: enlace txt). Aquí se enfatiza que la gracia destinada a encarnarse debía llegar a una persona que en ningún momento manifestara pecaminosidad personal, pues de otro modo se habría transmitido las consecuencias de la caída del hombre.Otro punto importante es que es precisamente a través de la concepción inmaculada que María establece la condición para la «semilla sin pecado» – una semilla que, a diferencia de la semilla común que transmite el resultado del pecado original, es una semilla otorgada por Dios. «[…] No existe, en la naturaleza, una semilla sin pecado después de la caída de Adán. Por eso, la única posibilidad para la aparición del Salvador, que corrigiera la naturaleza humana sin portar el pecado original, es la concepción inmaculada. […]» (fuente: enlace txt).Así, el significado de esta enseñanza es multifacético. En primer lugar, destaca la singularidad y santidad de la Madre del Salvador, que gracias a una gracia especial fue elegida para cumplir una gran misión. En segundo lugar, muestra la necesaria preparación previa para la encarnación de Dios en la naturaleza humana: solo un recipiente puro e inmaculado podía albergar al Hijo de Dios, haciendo posible la donación de la salvación a toda la humanidad.Supporting citation(s):«Por consiguiente, el Precursor puede ser venerado con la santidad suprema del Antiguo Testamento, […] Pero, según la concepción de la Iglesia, que ya honra la santidad del Precursor desde su concepción, el Precursor permanece ajeno al pecado personal. Para ello, no se requiere recurrir al artificio de deus ex machina […]» (fuente: enlace txt)«Para que surgiera un ser humano sin pecado, la semilla del marido caído no debe estar presente, y al mismo tiempo la naturaleza, calidad y esencia del hombre deben mantenerse. Pero en la naturaleza no existe una semilla sin pecado después de la caída de Adán. Por lo tanto, la única posibilidad para la aparición del Salvador, que corrigiera la naturaleza humana sin tener el pecado original, es la concepción inmaculada. No es que cualquier otra concepción en sí misma sea «pecaminosa», […]» (fuente: enlace txt)