Renovación del Alma y el Don de Prodigios

Después del arrepentimiento sincero, cuando se produce un cambio profundo en los pensamientos y una transformación del estado interior, el don de prodigios puede manifestarse como una especial benevolencia de Dios. Este don no es algo que el hombre pueda alcanzar por sus propios esfuerzos, sino evidencia de la aceptación de la gracia divina, que actúa a través de la purificación del corazón y el desarrollo de una fe prodigiosa. Es decir, el verdadero arrepentimiento conduce a que el alma se purifique y adquiera la capacidad de recibir dones, entre los cuales el don de prodigios ocupa un lugar.

Como se señala en una de las fuentes, "El don del llanto y las lágrimas es uno de los más grandes dones divinos. Es un don esencialmente necesario para nuestra salvación. Los dones de profecía, de clarividencia y de prodigios son señales de un favor especial hacia Dios y de Su benevolencia, y el don de conmover y las lágrimas es señal de un arrepentimiento aceptado o en proceso" (fuente: enlace txt). Esto demuestra que el verdadero y sincero arrepentimiento no es solamente el abandono del pecado, sino también la transformación del mundo interior, que prepara el alma para recibir la gracia divina manifestada en el don de prodigios.

También es importante señalar que el don de prodigios está estrechamente relacionado con la naturaleza de la fe. Como se dice en otra fuente, "La fe prodigiosa... es la madre de los prodigios. Si tuviereis la fe del tamaño de una semilla de mostaza y dijereis a esta montaña: 'Trasládese de aquí a allá', ella se trasladará" (fuente: enlace txt). Aquí se subraya que, poseyendo un arrepentimiento sincero y un corazón transformado, el hombre debe desarrollar una fe prodigiosa capaz de obrar milagros según la voluntad de Dios.

En consecuencia, el don de prodigios no se adquiere mediante algún procedimiento o ritual específico, sino como resultado de un arrepentimiento profundo y sincero, cuando el hombre renuncia a su vida pecaminosa anterior, alcanza la purificación y abre su corazón a la gracia divina, lo que se manifiesta en el don de prodigios como uno de los signos del especial beneplácito de Dios.

Para resumir: después del arrepentimiento sincero y la transformación interior, cuando en el alma se despierta una fe prodigiosa, Dios puede otorgar al hombre el don de prodigios como señal de Su benevolencia.

Renovación del Alma y el Don de Prodigios

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