El Sendero de la Santidad
En el mundo moderno, el concepto de santidad se manifiesta ante nosotros en dos dimensiones: el crecimiento espiritual profundamente personal y el reconocimiento social arraigado en la tradición. Todo comienza con una transformación interior, un desapego del mundo vano y un afán por despertar en uno mismo no solo la virtud moral, sino algo superior, dirigido hacia la Luz Divina. Este proceso puede compararse con ascender por una escalera, donde cada peldaño simboliza una etapa de purificación, redención y acercamiento a Dios. Aquí, el espíritu supera las limitaciones de la existencia cotidiana, adquiriendo la fuerza necesaria para renunciar a lo mundano en nombre de la perfección espiritual.Por otro lado, en la tradición cristiana la santidad siempre tuvo una dimensión social y ritual. La comunidad de creyentes, apoyándose en tradiciones centenarias y normas establecidas, distingue a aquellos cuya vida refleja verdaderamente la profundidad del Amor Divino y la luz que brinda esperanza a los demás. Quien se considera santo se determina no solo por sus luchas internas y victorias personales, sino también mediante el reconocimiento comunitario y los cánones eclesiásticos. Es precisamente esta combinación del trabajo interior y la afirmación externa del estatus espiritual lo que convierte a la santidad en una guía luminosa y un ejemplo para todos.En conclusión, se puede decir que el verdadero camino hacia la perfección exige que la persona se mueva continuamente hacia lo Divino, renunciando a las tentaciones del mundo y manifestando los valores espirituales más elevados. Esta dinámica —tanto personal como social— brinda a cada individuo la oportunidad de transformarse en un faro de luz que guía hacia el eterno ideal del amor y la gracia.
¿QUÉ SIGNIFICA EL CONCEPTO DE SANTIDAD Y CUÁLES SON LOS CRITERIOS PARA CONSIDERAR A ALGUIEN SANTO?El concepto de santidad es multifacético e incluye dimensiones tanto internas como externas. Por un lado, la santidad no se refiere simplemente a la virtud moral, sino a algo que trasciende el mundo cotidiano, algo reservado y orientado hacia Dios. Por ejemplo, en una de las fuentes se afirma:«Pero la conexión entre estos dos conceptos debe establecerse con hilos delicados y muy flexibles... La escalera que representa el concepto de santidad avanza desde el no-ser hacia el mundo, pasando luego por la exclusión, la elección, la purificación, la redención, la Luz —y, finalmente, hacia Dios. Esta escalera, ascendida de abajo hacia arriba, se concibe como el camino de la negación del mundo, desde el mundo hacia Dios» (fuente: enlace txt, página: 4).De este extracto se desprende que la santidad se entiende como un proceso de crecimiento espiritual durante el cual la persona renuncia a lo mundano y se orienta hacia lo Divino. En este camino, el énfasis no recae tanto en la activación de leyes morales (como, por ejemplo, en la filosofía de Kant), sino en una profunda trascendencia y en la participación en el plano espiritual, donde el individuo halla luz y redención.Por otro lado, la tradición de la cosmovisión cristiana también confiere a la santidad un carácter socio-religioso. Inicialmente, la santidad significaba “distinción” o “apartamiento” —aquello que era consagrado para fines rituales o de culto—, y que posteriormente, a través de la Revelación del Antiguo Testamento, llegó a asociarse con la plenitud del perfeccionamiento moral de las cualidades divinas. He aquí un ejemplo de otra fuente:«Existen realidades de diversas clases que impiden ignorar este problema incluso para el observador 'externo'. El derecho a definir a los santos corresponde a la iglesia, que posee normas bastante claras al respecto... Para estar seguro de comprender correctamente la santidad y sus manifestaciones personales, es necesario observar este problema desde el interior...» (fuente: enlace txt).Así, los criterios que determinan quién es considerado santo comprenden varios aspectos. En primer lugar, se requiere un trabajo espiritual interior —la liberación de lo mundano, la aspiración a la purificación y la participación en el designio divino. En segundo lugar, la santidad implica el reconocimiento y la consagración por parte de la comunidad eclesiástica, ya que es precisamente la iglesia, con su larga tradición y reglas establecidas para la canonización, la que confirma este estatus. Además, ser santo también significa ser una persona cuya vida refleja el Amor Divino en situaciones concretas y siempre actuales, de modo que su presencia espiritual se convierte en luz para el mundo entero.En definitiva, la santidad significa un estado en el que la persona rechaza lo cotidiano y aspira a una unión plena con Dios, participando en Su amor y perfección sin límites, y los criterios de santidad abarcan tanto el crecimiento espiritual interno y el apartamiento del mundo como el reconocimiento por parte de la Iglesia, que a través de tradiciones y normas establecidas confirma el estatus de santo.Citas de apoyo:«Pero la conexión entre estos dos conceptos debe establecerse con hilos delicados y muy flexibles... La escalera que representa el concepto de santidad avanza desde el no-ser hacia el mundo, pasando luego por la exclusión, la elección, la purificación, la redención, la Luz —y, finalmente, hacia Dios. Esta escalera, ascendida de abajo hacia arriba, se concibe como el camino de la negación del mundo, desde el mundo hacia Dios» (fuente: enlace txt, página: 4).«Existen realidades de diversas clases que impiden ignorar este problema incluso para el observador 'externo'. El derecho a definir a los santos corresponde a la iglesia, que posee normas bastante claras al respecto... Para estar seguro de comprender correctamente la santidad y sus manifestaciones personales, es necesario observar este problema desde el interior...» (fuente: enlace txt).