La sabiduría del envejecimiento: transformación y madurez personal
El envejecimiento no solo altera las funciones físicas del ser humano, sino que también crea una oportunidad única para una profunda transformación interna. En la madurez, muchos de nosotros empezamos a reflexionar sobre el camino vivido, al darnos cuenta de que aceptar los logros pasados, los errores y las oportunidades perdidas ayuda a mantener el equilibrio interior. Es precisamente la capacidad de aceptar la propia vida lo que se convierte en el fundamento para un mayor desarrollo, permitiendo a las personas conservar la armonía incluso frente a los cambios inevitables.Sin embargo, con la edad también pueden intensificarse aquellos rasgos de personalidad que han estado presentes desde el principio. Las personas propensas a la ansiedad o a la suspicacia a menudo se enfrentan a un incremento de estas cualidades, lo que a veces conduce a conflictos con los demás y a la inquietud interna. En este contexto, es especialmente importante aspirar a la armonía interior y a la aceptación sabia de nuestro “yo”, ya que solo entonces las tendencias negativas no oscurecerán la capacidad natural de desarrollo y crecimiento.La transición de la actividad de la primera mitad de la vida, en la que predominan las tareas físicas y las conexiones externas, a la segunda etapa, en la que la maduración interna se vuelve lo primordial, favorece la formación de convicciones e identidad sólidas. La personalidad es polifacética, y aun en la madurez siempre están presentes elementos de la curiosidad infantil, el cuidado paternal y el realismo adulto. En definitiva, es precisamente la habilidad para equilibrar todos estos aspectos lo que permite a cada uno de nosotros convertirnos en una persona verdaderamente madura e íntegra, capaz de mirar al futuro con seguridad, a pesar de las pruebas del tiempo.
¿Qué cambios relacionados con la edad se observan en el ser humano a lo largo del tiempo y cómo se reflejan en su personalidad?Los cambios relacionados con la edad en el ser humano afectan no solo las funciones fisiológicas, sino que también transforman de manera significativa la personalidad, subrayando tanto los rasgos positivos como los negativos que se vuelven más evidentes con el paso del tiempo.En primer lugar, en la vejez se observa un proceso psicológico importante: la reflexión sobre el camino vivido y la aceptación de la etapa alcanzada en la vida. Así, se señala:"Por ello, como actividad principal, Liders y otros distinguen la labor de la vida interna del ser mayor, dirigida a la aceptación de su camino vital, ya casi recorrido. El anciano no solo reflexiona sobre el significado del período actual de su vida: 'Mi vida no es sin sentido; aunque ya no pueda continuar trabajando, tengo la oportunidad de realizarme en otras áreas de actividad', sino que inevitablemente interpreta su vida como un todo. Una vejez fructífera y un estado psicológico sano en la ancianidad están vinculados a la aceptación del camino vital recorrido. Un estado psicológico doloroso – a la falta de aceptación." (source: enlace txt)Esto indica que la capacidad de aceptación juega un papel clave en la forma en que la personalidad percibe sus logros, errores y dificultades encontradas. Aceptar el propio camino vital ayuda a mantener la armonía interior, mientras que su ausencia puede conducir a un mayor énfasis en los rasgos negativos.En segundo lugar, los cambios relacionados con la edad pueden conducir a la acentuación de los rasgos de carácter que ya posee la persona. Por ejemplo, algunas características negativas (como la ansiedad, la suspicacia, la mezquindad o incluso la agresividad) pueden volverse más pronunciadas si ya estaban presentes en la personalidad:"Es decir, en la vejez, los cambios de la edad acentúan y hacen más evidentes los rasgos negativos de carácter que ya se encontraban en la persona. Por ejemplo, algunas personas con rasgos ansioso-críticos se vuelven aún más críticas, ansiosas y suspicaces; en quienes son calculadores, se desarrolla la mezquindad y una tacañería que, acentuada, lleva al temor constante de ser robado o de quedarse en la indigencia. La firmeza y solidez de las convicciones a menudo se transforman en una intransigencia hacia las opiniones de los demás, generando 'guerra de generaciones' y conflictos con quienes le rodean. La falta de contención emocional se intensifica hasta el punto de la explosión de agresividad, en ocasiones llegando a la pérdida total del control sobre las reacciones emocionales." (source: enlace txt)Así, si la personalidad en la etapa temprana de la vida tenía algunas deficiencias, la vejez puede simplemente intensificarlas, si no se ha hallado la armonía interior y la comprensión de su propio “yo”.Además, en el proceso de envejecimiento ocurre un fenómeno que se puede llamar la maduración de la personalidad. No es tanto la pérdida de manifestaciones infantiles, sino la formación de una comprensión equilibrada de nuestras fuerzas, posibilidades y valores. En este contexto se destaca que la primera mitad de la vida está más vinculada a la actividad física y funciones externas, mientras que la segunda se desarrolla en el ámbito interior, en la búsqueda de la verdad, en la formación de convicciones y en el afirmarse de una identidad propia:"Se extiende el prejuicio de que lo mejor ocurre en la juventud y termina con ella, y que a partir de entonces llega el declive, la marcha hacia el final y un inquietante presentimiento del final. ¿Pero es posible que el ser humano haya sido creado únicamente para la primera mitad de la vida, para reproducirse y proteger a su descendencia? Por supuesto que no; una vez que estas tareas carnales se han cumplido, llega otra etapa: la maduración de la personalidad, la búsqueda de la verdad, la formación de convicciones y el afirmarse, como lo formulan los psicólogos, de la propia identidad. Es decir, la primera mitad de la vida se dedica principalmente a funciones relacionadas con la naturaleza y la corporalidad, transcurriendo en el bullicio de lo externo – en el hogar, en el trabajo, con amigos –, mientras que la segunda debe desarrollarse y madurar en el alma." (source: enlace txt)También cabe señalar que a lo largo de la vida pueden alternarse diversos aspectos del “yo”. Así, la personalidad se presenta como la suma de varios componentes: la faceta paternal, infantil y realista, y la madurez de la personalidad se determina no por la completa desaparición de lo “infantil”, sino por la capacidad de evaluar sobriamente nuestras fuerzas y actuar de acuerdo con convicciones internas:"A lo largo de la vida, la persona se presenta ante los demás en forma de varias personalidades, bastante diferentes entre sí. Pero en cualquier etapa, casi siempre se pueden distinguir en la estructura de la personalidad, como si fuesen 'tres yo', tres comienzos: el mentor-paternal, el infantil y travieso, y el responsable-realista. Para distintos tipos de personalidad es característico predominar uno u otro aspecto. El componente más importante de la madurez de la personalidad no es la ausencia de manifestaciones infantiles, sino una evaluación realista de nuestras fuerzas, habilidades y posibilidades." (source: enlace txt)De este modo, los cambios relacionados con la edad enriquecen la personalidad con nuevas facetas, permitiendo al ser humano reinterpretar su pasado y aceptar tanto los rasgos positivos como aquellos acentuados negativamente, lo que finalmente conduce a una percepción de sí mismo y del mundo más madura y equilibrada.