Vivir Conscientemente: Cultivando lo Verdaderamente Esencial
En medio del torbellino de las preocupaciones diarias, cada uno de nosotros necesita la capacidad de distinguir lo que realmente vale la pena de lo superfluo. Es importante vivir el aquí y el ahora, permitiendo que cada segundo influya en nuestro desarrollo interior. En lugar de gastar energía en tareas superficiales, conviene prestar atención a la vida que se gesta en nuestros corazones a cada minuto. Esta idea nos lleva a cuestionarnos no solo "
¿qué hay que hacer?", sino también a decidir con sabiduría "¿de qué es mejor renunciar?", para no perdernos en los pequeños detalles. La idea fundamental es que todo en nuestra vida tiene importancia, y que nuestra atención al momento presente determina la calidad de nuestro ser. Renunciar al exceso de ajetreo y organizar conscientemente nuestras prioridades, colocando en primer lugar nuestros objetivos espirituales, nos ayuda a mantenernos fieles a nuestras convicciones. Que cada paso, cada decisión, esté impregnado de consciencia: de este modo se puede preservar la energía vital y dirigirla hacia la creación.¿Cómo distinguir lo innecesario de lo importante para que el alma reciba únicamente los momentos verdaderamente significativos?Para filtrar lo superfluo y conservar en el alma únicamente los momentos que realmente importan, debemos centrarnos en lo que acontece en el presente y recordarnos que cada segundo de vida tiene su valor. En una fuente se subraya que "Lo más importante en nuestra vida es lo que hacemos ahora. El tiempo más valioso es el que vivimos en este instante. La persona más importante en nuestra vida es aquella con la que estamos interactuando en el presente. Estos sabios aforismos nos muestran, ante todo, que no podemos dividir nuestras acciones y las de quienes nos rodean en importantes y poco importantes. En la vida todo es importante, como dijo el Señor: 'Quien es infiel en lo pequeño, también lo es en lo mucho'. Tanto el pecado menor como la negligencia mínima ofenden al Espíritu Santo. Y a menudo, las acciones que a simple vista nos parecen insignificantes tienen para nuestra vida espiritual un significado enorme." (fuente: enlace txt)En este pensamiento se encierra un principio profundo: es imposible, desde un inicio, dividir categóricamente los eventos en "necesarios" e "innecesarios", ya que lo esencial es ser conscientes y estar presentes en cada momento. Por ello, es importante preguntarnos constantemente no solo "¿qué debo hacer?", sino también "¿qué no debo hacer?", de manera que podamos evitar, de forma consciente, distracciones que nos aparten y no permitan que los asuntos superficiales absorban nuestra energía vital. Como se señala en otro fragmento: "No es bueno dedicar todas nuestras fuerzas y tiempo exclusivamente a lo externo, olvidándonos de lo principal, de aquello que constituye la base misma de la personalidad humana: nuestro espíritu inmortal. Hay que recordar a menudo estas palabras: No es justo quitar el pan a los niños y entregárselo a los perros. ¿Qué debemos hacer, entonces, para salir de esta pegajosa telaraña del mundo, en la que el ser humano se ve impotente? Normalmente se nos enseña, al planificar el día, a determinar qué debemos hacer. Pero debemos aprender a formular otra pregunta: ¿qué es lo que no debemos hacer?" (fuente: enlace txt)Otra indicación importante es la de organizar el orden de las prioridades, poniendo en primer lugar lo esencial: aquello que nutre el alma y favorece el verdadero desarrollo de la personalidad. Así, en una enseñanza se expresa: "Pon en primer lugar la adoración a Dios y la salvación mediante el cumplimiento de los mandamientos, y en segundo, tercero y cuarto lugar todo lo demás relacionado con el mantenimiento de la vida; y al primero, entrégale todo tu corazón, mientras que a los demás, trátalos de manera superficial, como si solo los tocases con la punta de los dedos, y serás un fiel ejecutor de lo que dijo el Señor acerca de 'la única necesidad' y sobre la elección de una parte de la bendición." (fuente: enlace txt)Así, no se trata tanto de intentar dividir estrictamente los momentos en "importantes" e "innecesarios", sino de aprender a sentir dónde reside nuestro verdadero mundo interior. Esto requiere de nosotros estar siempre alertas y en un constante perfeccionamiento interno: cada acción, cada minuto de vida, debe ser evaluado por nuestro corazón, siempre orientado hacia aquello que verdaderamente eleva y da sentido. Es este enfoque consciente el que nos ayuda a desechar lo superficial y a conservar en el alma únicamente los momentos genuinamente significativos.