El cautiverio de las pasiones: la lucha por la libertad interior
En cada uno de nosotros germina no solo la capacidad para una gran libertad, sino también la amenaza de ser vencido por nuestras propias pasiones y engaños. Sin preocuparse por la opresión externa, el hombre se convierte en prisionero de deseos internos: fuerzas destructivas que, como amos invisibles, toman control de la voluntad y la razón.Esta lucha interna se refleja de manera vívida en obras donde las pasiones se representan como acreedores que imponen a la alma deudas implacables. En estos retratos, las debilidades humanas se transforman en amos insuperables, exigiendo constantemente concesiones y sumisión. La trágica metáfora de la esclavitud interior nos recuerda que la libertad no se concede desde fuera, sino que se conquista mediante esfuerzos incesantes de moderación y autocontrol.La conciencia del peligro que encarnan los deseos excesivos permite voltear el destino a nuestro favor. Luchar contra la tormenta de impulsos internos, en lugar de sucumbir a ellos, es el camino para restaurar el verdadero autogobierno y el equilibrio espiritual. Solo a través de la abstinencia consciente y la adopción de medidas razonables puede el hombre liberarse de las cadenas impuestas por su propia naturaleza y alcanzar una independencia que conduce a un futuro luminoso.Si Dios no tiene esclavos,
¿cómo se explica que los hombres se conviertan en esclavos de sus pasiones y fantasías?Los hombres pueden volverse esclavos de sus pasiones y fantasías no porque exista algún amo externo, sino debido a una inclinación natural interna, cuando las emociones y los deseos comienzan a dominar su voluntad y autocontrol. En este contexto, a pesar de la idea de que Dios no tiene esclavos, el hombre se permite perder su independencia al entregarse a pasiones obsesivas y destructivas.Por ejemplo, en una de las fuentes se dice:"Los pensamientos impuros y vergonzosos generalmente nacen en el corazón por obra del demonio de la lujuria, ese seductor del corazón; pero su sanación se alcanza mediante la abstinencia y la atribución de esos pensamientos a la nada. ¿De qué modo y de qué manera debo atar mi carne, a este amigo mío, y juzgarla según el ejemplo de otras pasiones? No lo sé. Antes de que logre atarla, ya se desata; antes de que me disponga a juzgarla, me reconcilio con ella; y antes de que empiece a atormentarla, me inclino ante ella con compasión." (source: enlace txt)Aquí se subraya que los flujos de pensamientos y emociones incorrectas poseen el corazón del hombre y, si no se realizan esfuerzos de autocontrol, estas pasiones terminan imponiéndose, convirtiendo al individuo en una especie de esclavo de sus impulsos internos.En otra obra, el autor describe un proceso en el que la pasión se convierte literalmente en el amo de la personalidad:"La pasión ha comprado mi arbitrio y derrama sobre mí pecado. Las pasiones hierven en mí en oposición a la razón; las he unido a mi carne, y no soportan la separación. Me apresuro a cambiar mi arbitrio, y mi estado anterior se opone a ello. Trato, pobre de mí, de liberar mi alma, pero el pérfido usurero me introduce en grandes deudas; no recuerda la devolución, sino que presta generosamente; nunca quiere retirarlo, sino que anhela únicamente mi esclavitud; presta para que me enriquezca en pasiones y no reclama la deuda." (source: enlace txt)Esta metáfora ilustra cómo las pasiones, semejantes a un acreedor, otorgan al hombre la posibilidad de ceder a sus deseos, obligándolo a devolver constantemente la "deuda" de sus crecientes necesidades y debilidades. Así, el hombre acaba atrapado en un pozo de deudas pasionales, perdiendo la capacidad de controlar su vida.Finalmente, en otro pasaje el autor llama la atención sobre cómo muchas personas permiten que sus fantasías, hábitos impuestos y ridículos convencionalismos se conviertan en el sentido de la vida:"Ay, no crean en tal unión de personas... Entendiendo la libertad como la multiplicación y pronta satisfacción de necesidades, deforma su propia naturaleza, pues engendra en sí misma numerosos deseos sin sentido, hábitos y absurdas invenciones. Viven únicamente para la envidia mutua, el placer carnal y la vanidad. Poseer banquetes, salidas, carruajes, rangos y esclavos-serviciales se considera ya una necesidad por la cual sacrifican incluso la vida, el honor y el humanitarismo, para saciar dicha necesidad, e incluso se quitan la vida si no pueden satisfacerla. Aquellos que no son ricos sufren lo mismo, y en los pobres, la insaciabilidad de sus necesidades y la envidia se mitigan momentáneamente con la embriaguez." (source: enlace txt)Así, a pesar de la ausencia, en el contexto teológico, de conceptos de esclavitud por parte de Dios, los seres humanos caen en la trampa de sus propias pasiones y fantasías, que, como amos invisibles, dirigen sus vidas y les arrebatan la verdadera libertad. Esta esclavitud no es impuesta desde el exterior, sino que surge de las profundidades de la naturaleza humana y de la debilidad ante pasiones excesivas.