El Impulso Eterno del Crecimiento Personal

Desde temprana edad se siembra en nosotros un ardiente deseo de superarnos – el anhelo de crecer, aprender y perfeccionarnos. Es un impulso que se refleja en nuestros primeros pasos, en el aprendizaje de nuevas habilidades y en la búsqueda de la aprobación de nuestros seres queridos. Este motor interno no solo nos permite desarrollar habilidades físicas, sino también enriquecer nuestras cualidades morales, formando una conciencia profunda y plenamente consciente.

En la base de este anhelo reside una necesidad natural e innata de conocimiento y una aspiración hacia la belleza moral. Constantemente buscamos nuevos horizontes, sin limitarnos a corregir defectos, sino desarrollando activamente nuestras fortalezas. Este enfoque ayuda a armonizar la personalidad y nos capacita para alcanzar logros profundos tanto en el ámbito social como en el intelectual. El alma, semejante a un barco que siempre asciende, nunca nos permite quedarnos atrapados en la rutina y nos impulsa hacia un crecimiento y perfeccionamiento constante.

Cuando el deseo de cambiar se dirige no solo hacia el propio desarrollo, sino también al apoyo de quienes nos rodean, se convierte en una poderosa fuerza transformadora. Al entregarnos en beneficio de los demás, abrimos el camino hacia la autorrealización y el crecimiento espiritual, lo que a su vez ilumina nuestra vida y la de quienes están a nuestro alrededor. Así llegamos a comprender que nuestra existencia terrenal no es tanto un camino de autoengrandecimiento, sino una oportunidad para convertirnos en verdaderos creadores del bien, enriqueciendo el mundo con nuestra presencia y energía para fines superiores.

¿Qué importancia tiene el deseo de mejorar en las personas y cómo influye en su desarrollo personal?


El deseo de superarse es una característica fundamental que impregna toda la vida del ser humano y tiene un impacto significativo en el desarrollo personal. Este impulso se manifiesta desde la infancia, cuando el niño, al aprender a correr, dibujar o dar volteretas, busca confirmar sus cualidades morales y anhela obtener la aprobación de quienes le rodean. Dicha inclinación interna fomenta el desarrollo tanto de habilidades físicas como de cualidades morales, lo que enriquece la personalidad en términos de autoconciencia y relaciones sociales.

Uno de los aspectos de este deseo es que está arraigado en la propia naturaleza humana, como una necesidad inmanente de conocimiento y apreciación de la belleza moral. Por ejemplo, en uno de los documentos se señala:
"El deseo de perfeccionarse es inherente a nuestra misma naturaleza; es, en efecto, un desarrollo necesario iluminado por la conciencia. Por naturaleza somos curiosos y amamos lo moralmente bello. El desarrollo del hombre se lleva a cabo conforme a leyes inmutables y depende, en mayor medida, de la voluntad en sentido negativo que en el positivo: el hombre, por su voluntad, puede frenarlo. Por ello, el deseo de perfeccionarse solo puede llamarse bueno en un sentido objetivo, —en el mismo sentido en que la luz es buena, el firmamento es bueno y el hombre, creado, es muy bueno (Génesis I)" (fuente: enlace txt).

Por otro lado, el deseo de mejorar también estimula el desarrollo de cualidades positivas cuando se orienta no únicamente hacia la corrección de carencias, sino al fortalecimiento de las virtudes ya existentes. Así, la persona empieza a desarrollar conscientemente sus puntos fuertes, lo que conduce a la armonización de la personalidad. Esto se evidencia en el siguiente pasaje:
"El niño anhela superarse: aprende a correr, saltar, dar volteretas, se empeña en dibujar y construir de manera superior, ¡quiere hacer todo mejor! Además, desea mejorarse a sí mismo: busca afirmarse en sus cualidades morales, anhela ser bueno, quiere que los demás le agradezcan, ¡y se esfuerza con toda su alma!" (fuente: enlace txt).

Cabe destacar que la aspiración al desarrollo constante es la esencia misma del espíritu humano, que no puede permanecer estático. Este deseo nos conduce hacia un perfeccionamiento continuo, tanto intelectual como moral, lo cual se refuerza en la siguiente reflexión:
"En segundo lugar, una característica esencial de nuestro espíritu, siempre activo, es su incesante búsqueda del desarrollo continuo, hacia un perfeccionamiento superior en lo intelectual y lo moral. Según las palabras de San Gregorio Magno, nuestra alma es como un barco que navega río arriba. Si no asciende, baja; no puede permanecer en un mismo lugar. De igual modo, moralmente, no podemos quedarnos estáticos, sino que debemos siempre avanzar." (fuente: enlace txt).

Finalmente, cuando el deseo de superarse se orienta hacia la transformación personal y el servicio al prójimo, se convierte en un factor de transformación poderoso. Una vida entregada al bien de los demás abre el camino hacia una elevada autorrealización y el crecimiento espiritual, tal como se enfatiza en este pasaje:
"Nuestra vida terrenal nos fue dada para ser transformados, para que de seres decadentes, envidiosos, depravados, codiciosos, beligerantes y egoístas, nos convirtamos en ángeles celestiales, capaces de renunciar a sí mismos en beneficio y bienestar de los demás, para servir a Dios. Para que, a través de nuestra vida, no nos glorifiquemos a nosotros mismos ni busquemos nuestros propios intereses, sino que busquemos a Dios y en Él hallemos nuestra verdadera riqueza. Esa es la meta de la existencia de la Iglesia en la tierra y de nuestra comunión con ella." (fuente: enlace txt).

En resumen, el deseo de superarse tiene un significado profundo: es la fuerza motriz que impulsa al individuo hacia un desarrollo y autoconocimiento continuos, lo cual favorece su evolución moral e intelectual. Este impulso sienta las bases para la formación de una personalidad sólida y armoniosa, capaz no solo de perfeccionarse, sino también de contribuir de manera significativa al bienestar de la sociedad.

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"El deseo de perfeccionarse es inherente a nuestra misma naturaleza; es, en efecto, un desarrollo necesario iluminado por la conciencia. Por naturaleza somos curiosos y amamos lo moralmente bello. El desarrollo del hombre se lleva a cabo conforme a leyes inmutables y depende, en mayor medida, de la voluntad en sentido negativo que en el positivo: el hombre, por su voluntad, puede frenarlo. Por ello, el deseo de perfeccionarse solo puede llamarse bueno en un sentido objetivo, —en el mismo sentido en que la luz es buena, el firmamento es bueno y el hombre, creado, es muy bueno (Génesis I)" (fuente: enlace txt).

"El niño anhela superarse: aprende a correr, saltar, dar volteretas, se empeña en dibujar y construir de manera superior, ¡quiere hacer todo mejor! Además, desea mejorarse a sí mismo: busca afirmarse en sus cualidades morales, anhela ser bueno, quiere que los demás le agradezcan, ¡y se esfuerza con toda su alma!" (fuente: enlace txt).

"En segundo lugar, una característica esencial de nuestro espíritu, siempre activo, es su incesante búsqueda del desarrollo continuo, hacia un perfeccionamiento superior en lo intelectual y lo moral. Según las palabras de San Gregorio Magno, nuestra alma es como un barco que navega río arriba. Si no asciende, baja; no puede permanecer en un mismo lugar. De igual modo, moralmente, no podemos quedarnos estáticos, sino que debemos siempre avanzar." (fuente: enlace txt).

"Nuestra vida terrenal nos fue dada para ser transformados, para que de seres decadentes, envidiosos, depravados, codiciosos, beligerantes y egoístas, nos convirtamos en ángeles celestiales, capaces de renunciar a sí mismos en beneficio y bienestar de los demás, para servir a Dios. Para que, a través de nuestra vida, no nos glorifiquemos a nosotros mismos ni busquemos nuestros propios intereses, sino que busquemos a Dios y en Él hallemos nuestra verdadera riqueza. Esa es la meta de la existencia de la Iglesia en la tierra y de nuestra comunión con ella." (fuente: enlace txt).

El Impulso Eterno del Crecimiento Personal

¿Qué importancia tiene el deseo de mejorar en las personas y cómo influye en su desarrollo personal?

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