Entre el Dolor y la Divinidad: Reflexiones sobre el Conocimiento de Di
En el mundo de la búsqueda espiritual y las experiencias místicas, la conciencia humana a veces cree que a través de momentos de tristeza y arrepentimiento es posible entrar en contacto con la esencia divina. Precisamente estas emociones intensas, casi palpables, nos brindan la oportunidad de reconocer la grandeza y misericordia de Dios, permitiendo a cada uno de nosotros experimentar, aunque sea brevemente, un atisbo de Su presencia. Sin embargo, es importante recordar que nuestras profundas vivencias son solamente reflejos de una experiencia personal, mientras que el verdadero conocimiento – el conocimiento de nuestras almas – pertenece Aquel que nos creó y que percibe, en cada acción, las intenciones ocultas.En la base de este entendimiento reside la fe en la omnisciencia infinita de Dios, a quien no solo se le revelan nuestros actos, sino también nuestros pensamientos más íntimos. A diferencia de la limitada experiencia humana, Su mirada penetra en los recónditos rincones del corazón, donde se esconden miedos, esperanzas y sentimientos. Así, incluso el momento más conmovedor de arrepentimiento se convierte en una de las múltiples manifestaciones de la profundidad de la vida creada por Dios, quien nos conoce mucho mejor de lo que podemos comprender a través de las pruebas terrenales.En conclusión, se puede afirmar que nuestro impulso emocional hacia la sanación mediante el arrepentimiento solo refleja parcialmente la inmensidad del conocimiento divino. En lugar de considerarnos portadores de un conocimiento especial acerca de Dios, debemos ver nuestras experiencias como una invitación a entablar una comunicación más profunda con el Creador. Cada renacer del corazón, cada instante de arrepentimiento, nos recuerda la mente compleja y abarcadora que envuelve nuestra vida, brindándonos esperanza y seguridad en un amor eterno e inquebrantable.
¿Por qué parece que las personas están mejor informadas acerca de Dios que Dios de ellas, si se consideran los casos de arrepentimiento y tristeza divina?A pesar de que la experiencia del arrepentimiento y la tristeza nos permite sentir y comprender la presencia de Dios, estas vivencias no implican que, en conjunto, los seres humanos posean un conocimiento de Dios mayor al que Él tiene de nuestras almas. En una de las fuentes citadas se enfatiza: «Creando, individualmente, sus corazones. No solo, dice, Dios observa a las personas y sus hechos, sino que, aún más impactantemente, Él mira y penetra en los corazones de los hombres, como escribe Teodorit» (fuente: enlace txt). Aquí se destaca que, habiendo creado nuestros corazones, Dios conoce también nuestros pensamientos más íntimos – todo aquello que pudiéramos ocultar le es completamente revelado.De ello se deduce que, gracias a Su naturaleza omnisciente, Dios posee conocimiento no solo de las acciones externas del ser humano, sino también de todas sus vivencias internas, pensamientos y motivaciones. Mientras que las personas, a través de la tristeza y el arrepentimiento, obtienen la oportunidad de acercarse a Dios, reconocer su culpa y buscar el perdón, esta experiencia se convierte en un medio para asimilar la grandeza y misericordia divina. Sin embargo, como se subraya en otra fuente, «¿Y en el bautismo, se lavan los pecados? Sí. ¿Todos, incluso los mortales? Sí. Pero, naturalmente, no deben repetirse tras el bautismo. Ahora, respecto al conocimiento. Dios no solo conoce las obras, sino también los pensamientos de los hombres» (fuente: enlace txt). Aquí se reitera la absoluta omnisciencia de Dios, quien sabe no solo lo que acontece en la superficie, sino también los pensamientos más profundos de cada persona.Así, la aparente superioridad del conocimiento humano acerca de Dios, basada en las intensas experiencias de tristeza y arrepentimiento, es resultado de nuestro anhelo personal por comprender lo Grandioso, manifestado a través de nuestras emociones y sufrimientos. Pero la realidad es que Dios, quien nos creó y conoce nuestros corazones, observa y conoce todo sobre nosotros de manera mucho más profunda de lo que nuestras limitadas vivencias humanas pueden alcanzar. Percibimos momentos aislados de renacimiento a través del arrepentimiento como signos de Su acercamiento, mientras que para Dios son simplemente reflejos de la totalidad de la vida, que Él creó y conoce constantemente.