El Camino Interior del Monacato Ortodoxo
El monacato ortodoxo se presenta no como una renuncia a la vida, sino como una profunda inmersión en el mundo del desarrollo interior y un diálogo infinito con Dios. En circunstancias en las que cada instante está impregnado del afán por la pureza espiritual, los monjes se abstienen de los entretenimientos mundanos habituales para concentrarse en la oración, el ayuno y el trabajo. Su objetivo principal no es buscar placeres en el mundo exterior, sino descartar todo aquello que pueda distraer del diálogo interior con lo Divino, de la purificación del alma y del corazón.Esta forma de vida requiere una vigilancia constante: incluso las percepciones simples, tanto visuales como auditivas, pueden transformarse en tentaciones que desvían la fuerza y la concentración. Es por ello que los monjes evitan conversaciones triviales y noticias, de modo que su atención siempre se centre en la noble tarea de servir a Dios a través del auto-perfeccionamiento. Al mismo tiempo, el tiempo libre dentro del monasterio no carece de sentido, pues se dedica a actividades que fortalecen la herencia espiritual, como la transcripción de libros sagrados o el cuidado del asilo monástico.En última instancia, el llamado monástico se resume en una total devoción a la vida interior, haciendo de cada momento vivido una contribución al bienestar espiritual y a la renuncia a las tentaciones y vanidades mundanas. Esta filosofía de vida es testimonio de una fe inquebrantable, de la búsqueda de la perfección y del reconocimiento del verdadero sentido de la existencia, en la que cada acción, movimiento y pensamiento se orientan hacia la elevación del alma.
¿Qué entretenimientos o actividades de ocio se consideran aceptables para los monjes en los monasterios ortodoxos y cómo se relaciona esto con las tradiciones monásticas?La idea principal del monacato ortodoxo no radica en la búsqueda de entretenimientos en el sentido convencional del mundo, sino en una vida completamente dedicada al desarrollo interior, a la oración, al ayuno y al trabajo. A los monjes se les prescribe evitar cualquier conversación mundana y tentaciones visuales, ya que estas pueden desviar la atención del objetivo fundamental: el diálogo íntimo con Dios y la purificación del corazón. Por ejemplo, se menciona en una fuente:"La vida del monje es una vida silenciosa. El monje debe mantener sellados sus labios. La venerable Sīnklicitikía decía: 'Para el monje, los ojos son ventanas de la muerte, a través de los cuales entran las tentaciones y las seducciones'. Si no cuida sus ojos, su corazón se torna en un mar amargo y salado, eternamente agitado. El monje debe proteger sus oídos de todas las conversaciones y noticias mundanas; si no cuida su oído, su alma se convierte en una esponja que absorbe toda la suciedad." (fuente: enlace txt)Así, cualquier entretenimiento o actividad de ocio que pueda conducir a excesos, distraer de las prácticas espirituales o fomentar la inclinación hacia los placeres mundanos se considera inaceptable. Por otro lado, el ocio monástico puede incluir actividades que sean coherentes con la formación espiritual y el mantenimiento del orden en el monasterio, tales como trabajos que contribuyan a preservar el retiro monástico, así como el estudio y la copia de libros, práctica tradicional en las bibliotecas monásticas. Sin embargo, en el núcleo de cualquier actividad siempre reside el objetivo de mantener la pureza de la vida interior y rechazar las distracciones mundanas.Como se refleja en otra fuente:"La tarea de la vida monástica es ser monástico. Es la renuncia al mundo y el distanciamiento de las preocupaciones humanas, el servicio a Dios. El monje debe cuidar su vida interior, observando el ayuno y la oración." (fuente: enlace txt)De esta manera, los monasterios ortodoxos permiten un tiempo de ocio que no contraviene su tradición esencial, es decir, el trabajo interior, el auto-mejoramiento espiritual y la evitación de entretenimientos externos que puedan desviar del verdadero camino monástico. Los entretenimientos convencionales no tienen cabida en la vida del monasterio, donde cada minuto se dedica a preservar la pureza espiritual y al servicio a Dios.