Camino a la Imperfección: La Elección y la Caída Humana

Inicialmente, el hombre fue dotado de un don único: un principio creativo que reflejaba la imagen divina interior. En este estado primordial estaba presente todo el potencial, aunque este don en sí mismo no determinaba su ideal moral. Desde el principio, al hombre se le otorgó la imagen de Dios y alcanzar la semejanza moral se convirtió en el resultado de su libertad de elección y de sus esfuerzos espirituales.

La esencia principal consiste en que, según el designio divino, al hombre se le brindó la oportunidad de desarrollarse creativamente. Sin embargo, fue la libertad de voluntad la que abría el camino hacia una elección autónoma, un camino que podía alejarlo de la armonía original con el Señor. Esa elección, como lo demuestran claros ejemplos en la historia de la humanidad, condujo a la pérdida del estado primigenio de cercanía con Dios. El punto de inflexión fundamental ocurrió con la caída de Adán, que reveló las consecuencias de la elección libre, llevando al pecado original y a la transformación de la naturaleza misma del ser humano.

La conclusión final es la siguiente: aunque el hombre fue concebido originalmente como una creación perfecta, su desarrollo está determinado por decisiones personales, en las que la libertad de voluntad juega un papel crucial. Este camino, lleno de oportunidades y desafíos, permite a cada uno de nosotros elegir entre preservar la gracia original o perder el ideal concebido desde lo alto. La energía de la elección y la responsabilidad por las acciones siguen siendo cuestiones eternas que inspiran la reflexión sobre la esencia de la naturaleza humana.
Si el hombre fue creado a imagen de Dios,

¿por qué permanece pecador e imperfecto?


Inicialmente, el hombre fue creado perfecto, conforme a la imagen de Dios, pero esa perfección implicaba solo un estado primordial, y no un ideal moral inmutable. Como se explica en el análisis del texto del archivo enlace txt, al crear al hombre se le dio solo la “imagen” de Dios, que es el principio creativo interior, mientras que la “semejanza” —aquello que refleja la rectitud moral— la adquiría a través de su propia voluntad. Se dice:
"…Lo primero lo poseemos al ser creados, lo segundo lo adquirimos por nuestra voluntad." (fuente: enlace txt)

De ello se deduce que el hombre fue inicialmente dotado con una capacidad otorgada por Dios, pero al poseer libre albedrío, pudo optar por una elección que contradecía el designio divino. El desarrollo posterior de la historia de la humanidad, en particular la caída de Adán, introdujo cambios devastadores: se perdió la comunicación original con Dios, lo que se reflejó en la naturaleza del hombre. En confirmación de esto se puede señalar lo siguiente:
"Los seres humanos fueron creados para comunicarse con Dios... Adán pecó, y su caída —el 'pecado original'— afectó a toda la humanidad." (fuente: enlace txt)

Así, a pesar de que el hombre fue creado a imagen de Dios, su vida posterior está determinada por el libre albedrío, que condujo a la pérdida de la semejanza original y al estado de pecaminosidad e imperfección.

Citas de apoyo:
"…Lo primero lo poseemos al ser creados, lo segundo lo adquirimos por nuestra voluntad." (fuente: enlace txt)
"Los seres humanos fueron creados para comunicarse con Dios... Adán pecó, y su caída —el 'pecado original'— afectó a toda la humanidad." (fuente: enlace txt)

Camino a la Imperfección: La Elección y la Caída Humana

¿por qué permanece pecador e imperfecto?

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